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Rodríguez Santiago se dispone a mostrar la tarjeta amarilla a Isma Urzaiz tras tragarse el claro penalti que Velasco cometió sobre el navarro. Asier Bastida |
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El momento más peligroso
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Unai Larrea
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QUIÉN NOS iba a decir tras el desastre de El Sardinero, tan deprimidos, hundidos y desmoralizados como deshicimos la A-8, que quince días más tarde el descenso quedaría a tres puntos. El Athletic, cuando más muerto se le suponía, ha reaccionado, y ésa es una excelente noticia, por mucho que su resurrección haya tenido más que ver con lo agonístico, lo testicular y lo físico que con lo futbolístico. Lo dijimos hace meses: la guerra que libra el Athletic, la de la salvación, no la gana el más hábil, sino el menos torpe; tampoco el mejor, sino el menos malo; ni siquiera el que más bonito juega, sino el que mejor juega. A falta de fútbol, buenas son las virtudes que exhibió el Athletic ante Valencia y Espanyol: lucha, entrega, despliegue físico, estrategia, resistencia, pasión... Y eso está muy bien, pero cuidado, mucho cuidado: exento de fútbol como está, el hecho de haber basado su reacción en factores colaterales es un arma de doble filo, porque arroja una certeza: el Athletic volverá a las andadas en el instante en que deje de aplicarse al 100%. Ocurrió con la visita al Camp Nou, tras haber derrotado al Getafe, y a los leones, de vuelta al descenso, les llevó cuatro partidos levantar el vuelo.
EL ATHLETIC enfila el tramo final de la temporada, y el margen de maniobra es cada vez menor. Por ello, los leones no deben separarse un milímetro del camino que les ha sacado del pozo: la solidaridad, el compromiso, la entrega. Las filas prietas. En cuanto el último integrante de la plantilla se lo crea, y se piense que ni el del Sevilla ni el del Madrid son partidos de la Liga del Athletic, y que los que realmente cuentan son los seis últimos; en ese preciso instante el Athletic será carne de Segunda.
LA ENORME importancia de los seis últimos puntos arrancados al sufrimiento y la tremenda felicidad que su llegada ha generado en su impresionante afición no deben empañarnos la visión, ni distanciarnos de la crítica. ¿Por qué el Athletic, en una semana, ha ganado tantos partidos en San Mamés como en el resto de la Liga? La entrega de los futbolistas y el apoyo de su hinchada son sólo parte de la respuesta, pues no podemos ignorar otros dos factores determinantes: 1) que los leones se han medido en las dos últimas jornadas a dos equipos plagados de suplentes, hasta 16 con respecto a sus dos compromisos previos (el Chelsea para el Valencia, el Benfica para el Espanyol); y 2) que en uno y otro partido fue el rival el que más y mejores ocasiones tuvo, y que la fortuna (el larguero de Villa), el desacierto (Coro y Pandiani) y alguna que otra intervención de Aranzubia resultaron providenciales. Vamos, que el Athletic no fue superior ni a valencianos ni a catalanes. La entrega, el acierto y la suerte fueron los factores que desequilibraron sendas batallas en favor del Athletic, y es por ello que en cuanto el primero (la entrega) no sea absoluto, los dos restantes desaparecerán, y el Athletic regresará a la trinchera. Y eso, a estas alturas de campeonato, puede resultar fatal.
El Athletic jugó mejor ante el Valencia que ante el Espanyol. Quizás esa circunstancia se deba a que Mané dispuso en el primer partido de más efectivos que en el segundo. Aun así, el de Balmaseda estuvo inspirado el domingo, pues acertó de pleno en los tres cambios: el de Urzaiz (motivos obvios), el de Yeste (pese a dos errores de bulto, puso un gol, rozó otro y aportó en defensa) y el de Iturriaga (que le dio al equipo poso y reposo). En esta última semana, Mané ha demostrado no ser de esos técnicos que se enrocan en su idea, en su esquema. Ha evidenciado la humildad necesaria no ya para rectificar, sino para que su librillo se ajuste a sus jugadores, y no al revés. Ante el buen momento de Joseba Etxeberria, Mané no ha obrado como habrían obrado otros, metiendo al de Elgoibar con calzador en su 4-2-3-1. No: se convenció finalmente de que Joseba es letal cuando juega de segundo delantero, y por ello arrancó Mané ante Valencia y Espanyol con un 4-4-2. Y Joseba le respondió en sendos partidos. Porque ésa es otra. A este equipo se la acusa de falta de personalidad, de carácter y de liderazgo. Pues bien: los mejores ante el Espanyol fueron tres viejos guerreros, Etxeberria, Urzaiz y Aranzubia. Y que los veteranos tiren del carro en una situación tan delicada y en una plantilla tan joven es una de las mejores noticias que podía recibir la hinchada rojiblanca. Y que dos recién llegados como Sarriegi o Gabilondo den la cara y se partan el pecho llegado el momento de la verdad dice mucho de su implicación y profesionalidad, pero también de lo que aún simboliza e implica esa camiseta rojiblanca que visten cada domingo. Algo que nada tiene que ver con favores y ayudas externas.
LO DE Rodríguez Santiago no sorprendió a nadie, pues conocida es la potencia de las campañas que lanzan en Madrid, y más cuando los amiguetes están de por medio (Quique Sánchez, Abel Resino, Paco Flores...). Pero, no se crean, que en los resúmenes televisivos y en los programas radiofónicos del domingo noche la que se repitió y comentó una y mil veces no fue la jugada del penalti de Velasco a Urzaiz, sino la del segundo gol del navarro, en fuera de juego. Un detalle: la primera acción, la de la pena máxima, es la que compete al árbitro, y ya se vio lo que hizo Rodríguez Santiago, amonestar a Urzaiz. En la segunda acción, el árbitro no puede sino fiarse de su asistente. Si éste hubiera levantado el banderín, que nadie dude de que el trencilla habría anotado el tanto. Sea como fuere, la polémica arbitral va a ser tremenda en estos ocho últimos partidos, como ya advertía el Comité Técnico de Árbitros (CTA) cuando reprobó y denunció las declaraciones de Quique Sánchez Flores en San Mamés. El que protesta esta semana es el Madrid, por sufrir en sus propias carnes lo que tantas veces festejó en las ajenas: perder un partido por un penalti inexistente. El sábado juegan Madrid y Valencia. ¿Qué hará el árbitro? Ojalá no se equivoque, pero si lo hace, que beneficie al Madrid. No es por fastidiar a Quique (que también), sino por librarnos de una campaña aún más bastarda (y de un atraco seguro) con motivo de la visita de los blancos, la jornada siguiente, a San Mamés. |
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