
Iñaki Gómez, Paulino Luesma, Belén Greaves, Ana Diosdado, Carmen Calvo, Iñaki Azkuna y Teddy Bautista. Oskar M. Alguien habló, en un tiempo ya lejano,del alegre esqueleto del teatro, como si las artes escénicas fuesen la osamenta de ficción sobre la que se construye una realidad de carne y hueso. No estaba lejos de la verdad. La gala de la X edición de los premios Max de las Artes Escénicas celebrada ayer en el Palacio Euskalduna de Bilbao estuvo presidida por el buen humor, incluso en el preámbulo, cuando una serie de actores y actrices, ataviados con una estrella amarilla y un parche en el ojo, evocaron la figura del viejo Valle-Inclán para pedir más atención al desamparo de la escena. No parece, por lo visto ayer, que el teatro esté vacío, pero ellos anuncian que hay dolor tras las candilejas, en las tinieblas de las entrecajas.
Fue, no obstante, una noche feliz. Desde el reencuentro de viejos trotamundos de la escena como José María Pou, Lluis pasqual y Calixto Bieito a la aparición de Gurutze Beitia como maestra de ceremonias, ataviada de salida con un tutú, como una de las bailarinas de las cajas de música; desde la aparición de Fernando Arrabal, vestido con camisa de Fu Man Chú y acompañado por Luce Moreau, «novia desde hace cincuenta años», hasta el artefacto que hizo planear a una actriz sobre el escenario, todo tuvo un golpe de alegría, ese toque final que convierte a un cóctel en inolvidable.
Las dos máscaras
Los cazautógrafos esperaban, alerta como sabuesos de caza, en el exterior del recinto. «¿Has visto a Julio Bocca...?», se preguntaban entre sí. Era uno de los esperados de la noche. También buscaron a Caco Senante, Carmen Sevilla, Vicente León, Igor Yebra, Toni Aparisi, Sol Pico, Eduard Fernández, Jacobo Muñoz, Cristina Llorenete, Clara Segura, Mariví Bilbao Goyoaga, Patxo Telleria, Ana Diosdado, Marta Carrasco, Antonio Belart, Roger Camí, Alicia Hermida, Julieta Serrano, Carles Canut y un buen número de gente de la escena que paseó su desenvoltura por el Palacio. Suyas fueron, entre otras, las máscaras alegres de la noche...
La otra careta, la más seria, correspondió a las autoridades políticas y creativas. Al baño de premios acudieron, además de los citados, protagonistas principales, el presidente de la SGAE, Teddy Bautista, la ministra de Cultura, Carmen Calvo, el alcade Iñaki Azkuna, la diputada de Cultura, Belén Greaves, Paulino Luesma, Ignacio Casado o Ángel Pallás entre otros. No estuvieron sólos. En el atrio del Palacio se dieron cita, además, Juan Mari Atutxa, Fran Lasuen, Juanjo Gordillo, Ángel Quintanilla, Iñigo Urkullu, Jon Sánchez, José Luis Sabas, Gonzalo Olabarria, Patxi López, Txema Oleaga, Begoña Gil, Beatriz Marcos, Rodolfo Ares, Juan Ignacio Malaina y Andoni Olivares en nombre del Teatro Arriaga, Agustín Ramos, José Antonio Nielfa, ‘‘La Otxoa’’, el autor David Barbero, Ricardo Barkala, Anabella Domínguez, Jorge Canivell, Aida Agirre, Borja Pujol, la directora del Museo Vasco, Amaia Basterretxea, Jon Ortuzar, arriba y abajo toda la noche, el director de DEIA, Enrique Santarén, Laia Marull, Oscar del Hoyo, Hubert Saucer, Ricardo Bilbao, Jesús Cimarro, Pelaio Serrano, Iñaki Gómez, Laura Etxebarria, encantada con el reconocimiento a La Fundición, Luque Tagua, Marta Carrasco, José Luis Prieto y un buen número de invitados que se sumergieron en la noche de los premios. Las cámaras de televisión, los admiradores, los apasionados del teatro -los hay; crean que los hay...- y cientos de invitados no quitaron ojo de una noche de baile de máscaras.