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Participantes en la denominada Caravana de la Memoria, con Ramírez de pie en el centro, durante un acto en el pueblo sevillano de Marchena. |
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Desaparece la voz de Radio París
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El locutor donostiarra Julián Antonio Ramírez falleció el sábado tras una vida dedicada a la lucha por la libertad y contra el franquismo
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Iban Gorriti Durango
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Minutos antes del aniversario de la República fallecía el locutor donostiarra de Radio París Julián Antonio Ramírez en Alicante. La madrugada del 14 de abril ponía fin a 91 años dedicados a defender las libertades y los derechos humanos durante la Guerra Civil y época franquista. La noche decía adiós a este miembro destacado de la junta directiva de la Asociación Archivo Guerra y Exilio, AGE. Ramírez nació en Donostia en 1916 y falleció por dolencias relacionadas con su avanzada edad el viernes.
Aunque su labor fue continua antes y después de impulsar Radio París (emisiones en lengua española de Radio Televisión Francesa), este símbolo antifranquista es un recuerdo vivo de la emisora que durante más de tres décadas dio información sobre el Estado español y desde el exilio francés. El objetivo: soslayar la censura de la Dictadura de Franco.
Durante aquel tiempo, el donostiarra entrevistó a personalidades de la época como el entonces príncipe Juan Carlos, el pintor Pablo Ruiz Picasso, el cardenal Tarancón o al profesor Enrique Tierno Galván. Ramírez, como su compañera, Adelita Campo, se convirtieron en dos de las voces que atrapaban la atención de miles de personas a este lado de los Pirineos y bien arropadas por una notable relación de periodistas, locutores y colaboradores.
Símbolo antifranquista
«Fueron los que mejor simbolizaron las aspiraciones de libertad, en medio de la intolerancia, la dictadura y el silencio», valoró ayer Dolores Cabra, secretaria general de AGE, quien recuerda programas como "Quiosco de periódicos", "Tribuna Juvenil", "Correo del oyente" o "Tarjeta de visita" como «un acto cotidiano de esperanza».
Día a día, programa a programa, llegó el fin de la Dictadura y la pareja, que se conoció en campos de concentración al sur de Francia, regresó al Estado español y se afincó en Mutxamel, Alicante. En una ocasión declaró: «Volví con el deseo de callar, pero no ha podido ser». Una vez allí se incorporaron a la actividad política y cultural, pero sin perder el contacto con sus compañeros y compañeras de la Resistencia contra el nazismo y de la larga lucha antifranquista.
Comenzaba entonces la tarea de mantener y recuperar del olvido la memoria de quienes protagonizaron la experiencia que se forjó durante la Segunda República y de los ideales por los que habían luchado tantos miles de ciudadanos del Estado español.
La propia biografía de Julián es ejemplo de ello. En su juventud, marchó de Donostia a Madrid para cursar estudios de Ingeniería Técnica. Allí tomó contacto con el mundo de la cultura, del cine y del teatro a través del grupo "La Barraca".
La sublevación militar de 1936 le llevó a defender la legalidad republicana en los frentes del Norte y Cataluña. Tras la caída de Barcelona, pasó la frontera y fue internado en los campos de concentración de Francia. Meses más tarde, desde el campo de Gürs se incorporó a la lucha contra la invasión nazi en el Primer Batallón de las Fuerzas Francesas del Interior.
Periodista y actor
Acabada la Segunda Guerra Mundial, emprendió una intensa labor periodística en Toulouse, París y Praga, participando también en varias películas como actor. Su entrada en Radio París le permitió entablar un estrecho contacto con opositores al régimen franquista como Hugh Tomas o latinoamericanos como Mario Benedetti, Vargas Llosa o Severo Sarduy.
La conciencia y la personalidad de Julián Antonio Ramírez quedaron fuertemente fraguadas por sus experiencias y la presumible vida rutinaria de funcionario, se transformó en una carrera comprometida con las causas.
Publicó sus memorias: "Ici Paris. Memorias de una voz de libertad", legado de lucha y militancia activa por la libertad y la justicia.
El paso de los años no frenó su implicación en numerosas actividades, dando vida a la figura de Miguel Hernández a través de la Asociación que lleva el nombre del poeta, y la de Antonio Machado de cuya Asociación fue impulsor. De igual forma su participación en la organización de homenajes a los que lucharon en la Resistencia, las Brigadas Internacionales o en la guerrilla antifranquista, a través de la Asociación Archivo Guerra y Exilio, han ido dejando huella en cada lugar de su trayectoria.
Contra el muro del silencio
«Hoy, nuestra orfandad -subraya Cabra- y el testigo que nos deja nos siguen impulsando a luchar contra la amnesia y el olvido. Le despedimos manteniéndole vivo en el corazón». Julián pronunció en 2000 unas palabras de lo que sigue siendo el ideario de AGE en la lucha por la justicia, la verdad y la reparación de las víctimas del franquismo, durante la Caravana de la Memoria. A su paso por la fosa común del cementerio cántabro de Ciriego, dijo: «Durante esta Caravana estamos viendo cómo por primera vez comienza a resquebrajarse el muro de silencio».
Siete años después, Juliá Antonio Ramírez fallecía en Sant Joan d’Alacant. Según el miembro de la Comisión Cívica y escritor Enrique Cerdán Tato, Ramírez mantuvo una gran vitalidad intelectual y física hasta hace muy poco tiempo e, incluso, «no era raro verle al volante de su vehículo para desplazarse desde Mutxamel a Alicante», rememora. En este municipio se le rindió homenajes antes de su fallecimiento. |
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