ABANTO. Gallarta ha rescatado la cara más íntima de La Pasionaria , que se escondía bajo su fuerte ascendencia política. El museo minero retrata su faceta de hija de minero y madre trabajadora que tuvo que sobrevivir como sirviente antes de que la Guerra Civil la convirtiera en un icono mundial. Su vida estuvo marcada por el sufrimiento con 40 años de exilio y la pérdida de cuatro de sus cinco hijos. ¿Qué supone para usted la exposición sobre su madre?
Es un día de alegría porque Gallarta recuerda a mi madre con cariño y admiración. La gente sencilla jamás se olvida de que Dolores Ibarruri luchó toda su vida para defender al pueblo llano. Ella llevaba a Gallarta en el corazón y la nombraba miles de veces. Era una gallartina inolvidable.
¿Qué recordaba de Gallarta?
Adoraba a su maestra doña Antonia, la primera persona que la descubrió y que la animó para que se dedicase a la enseñanza. Era muy buena estudiante, pero su madre, una buena mujer que era analfabeta, prefirió que ganase dinero sirviendo en casas del pueblo.
¿Cómo fue su vida en Bizkaia?
Fue muy dura. Cuando se casó vivíamos en el barrio de Villanueva en Muskiz en una casa que se caía a cachos. Como todas las mujeres se levantaba de madrugada para ir al lavadero. El agua que caía del monte estaba helada y la capa había que romperla con la mano. Éramos muy pobres y muy sencillos.
¿Qué recuerdos tiene de ella?
La naturaleza la había hecho especial. Era una mujer esbelta y guapa con una voz irrepetible. Los que la escuchaban hablar se emocionaban con lágrimas en los ojos. El trato con ella no era dífícil porque era humilde y no le gustaba figurar. Trataba bien a la gente, jamás despreció a nadie. Por eso a mí como hija no me supone un peso vivir bajo el peso de su mito. Me siento orgullosa de ella.
¿Cómo era la vida familiar?
Era muy severa con los hijos porque decía que la vida era difícil y que teníamos que estar preparados para todo. Tres de mis cuatro hermanos murieron en Muskiz. El único que quedaba, Rubén, falleció a los 20 años en el frente de Stalingrado.
¿Cuáles fueron los sacrificios que padecieron a causa de la política?
En casa estábamos sobresaltados, cada vez que tocaban la puerta pensábamos que era la Policía que venía a cogerla.