En mitad de la tremebunda tempestad que azota las costas de la buena voluntad resiste un barco en alta mar. Se trata de un velero de gruesa arboladura, casco férreo y un quitavientos afilado: un barco de fiar, vamos. Sobre él navegan las gentes que aún se mueven por buenos propósitos. Es el caso de los responsables de Aldeas Infantiles SOS en el País Vasco, con la increíble María Irusquieta al frente o los miembros de la Fundación Esclerosis Múltiple Eugenia Epalza, capitaneados por Begoña Rueda. Sendas tripulaciones están formados por marineros de buen corazón, un bien en vías de extinción. Ambos barcos coincidieron ayer en la pleamar. Casi al tiempo que se conmemoraba el primer aniversario de Aldeas Infantiles SOS con la investidura de Aitor Karanka como embajador de Aldeas en la FIFA con la presencia del director de Aldeas Infantiles SOS, Pedro Puig y el viceconsejero de Asuntos Sociales, Fernando Consuegra, en el Hotel Indautxu, el Hotel Carlton se engalanaba para dar rienda suelta a la II cata de vinos a beneficio de la Esclerosis Múltiple, una enfermedad degenerativa que hinca sus dientes con saña en los más jóvenes.
¿Cómo explicarlo? Aldeas Infantiles dan algo más que un hogar a quienes no encuentran una puerta que se les abra: les ofrece una esperanza. Para escuchar todo cuanto ayer dijeron acudieron al primer aniversario de este sueño Joseba Ruiz de Loizaga, Nacho Esteve, Javier Orduna, Maite Unibaso, Pilar Macho, María Ángeles Fuentes, Txaro Unibaso o José María Argoitia entre otros mientras la Fundación Esclerosis Múltiple, en colaboración con la Fundación para la Cultura del Vino que preside Emilio Castro, ponía en pie a los catadores José Hidalgo, Ana Martín, Julio Sáenz y Manu Martín para que gente como - Iñaki Azkuna, Juan José Zarranz, Maite Badiola, María Ángeles Lara, Mariví García Rica, Gurutze Beitia, José Antonio Nielfa, La Otxoa, Fernando Canales, Marta de la Ric, José Gurrea, Ana Vankoningslóo, Jesús Lizaso y otros muchos se sumergiesen en las profundidades del vino.