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20-04-2007
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Badator Euskal Herria berria?
Por Mariano Gómez (*)
Estos días se han vuelto a llenar las calles de nuestros pueblos y barrios con carteles llenos de colorido, con flores y alegría; carteles que nos sugieren la llegada de una nueva privamera (¿o de una primavera nueva?) presidida por una estrella especial, una estrella roja que nos quiere inundar de igualdad, de solidaridad, de justicia social… Ése el mensaje que se quiere transmitir, que se quiere dejar entrever. Un mensaje de optimismo, que también se escenificó en el BEC en Barakaldo. Un mensaje lanzado por una izquierda que parece que quiere dar un paso decisivo una vez más, pero que nunca termina de darlo. Una izquierda que intenta mantener el rumbo con toda su gente, con todo su capital político, que intenta caminar de forma conjunta hacia un nuevo escenario político. Una izquierda llena de contradicciones permanentes (¿quién no las tiene? ) entre lo que dice y lo que hace, entre lo nuevo, que no termina de nacer, y lo viejo, que no termina de morir. Una batalla fundamental para determinar el futuro de esa nueva Euskal Herria, porque no nos podemos permitir el lujo de un nuevo engaño porque tenemos que hacer realidad aquello de que “esta generación no va a volver a utillizar la lucha armada, y hay que ir poniendo las bases para que ninguna otra se vea abocada a practicarla”.

Hay que exigir al Estado, por supuesto, que dé pasos en la dirección deseada para solucionar el conflicto, pero independientemente de lo que el Estado haga hay que decir: “se acabó, el ciclo de la violencia política ha terminado”. No pido un convencimiento ético o moral, me conformo con el político. Una ruptura de la tregua nos llevaría a una situación en la que es mejor no pensar.

El militarismo ha hecho, hace, mucho daño a la izquierda. Alguna de sus expresiones (legitimar la eliminación física del adversario político) además del dolor que genera, crea un tipo de militante alejado de los valores y tradiciones de la izquierda. La devoción al líder (sea éste una persona o una organización), el culto a la personalidad, paraliza la capacidad creativa al impedir el pensamiento libre y la crítica. En el discurso de la izquierda no puede haber contradicción entre los fines a conseguir y los medios utilizados para llegar a ello. Al apostar por una sociedad mejor, más justa, debemos ser capaces de ir creando espacios de esa sociedad en nuestra forma de luchar por ella, en la forma de relacionarnos con los demás.

La izquierda abertzale tiene un potencial enorme, lo ha demostrado en numerosas ocasiones. Su militancia es en sí un valor único. Tiene que ser capaz de asumir la mayoría de edad, de dirigir su propio destino, sin injerencias. La voluntad de su masa social, en su conjunto, no puede ser sustituida por una vanguardia trasnochada. El cambio social vendrá, si viene, de la mano de la disputa de la hegemonía social a las fuerzas conservadoras, y no por el autoconvencimiento de una vanguardia iluminada.

Somos muchos los que necesitamos creer, queremos creer que esta vez todo va en serio. El mensaje del BEC, los colores de la nueva primavera, nos traen a la memoria esencias del 98, del nuevo mensaje de aquella Euskal Herritarrok, de aquel intento de poner las bases para construir una nueva izquierda plural para este pueblo, una izquierda alternativa, anticapitalista, sí, y a la vez profundamente democrática (¡qué poco duró!).

Sin embargo, nos cuesta. Va a ser difícil, en un primer momento, recuperar confianzas. Pero si somos capaces de mirar más allá de nuestro ombligo, si valoramos por igual a aquéllos que han seguido en la izquierda abertzale oficial, como a los que han seguido mirándola, pero refugiando su voto y simpatía en el sector soberanista de EB, en Aralar-Zutik, o que incluso llegó a votar PNV-EA para parar al tándem ultranacionalista pan-español Mayor Oreja-Redondo Terreros, tendremos una parte del camino hecho.

Pienso, quiero pensar, que estamos en el buen camino. De momento es obligación de tod@s volver a firmar para que la izquierda abertzale pueda tener su presencia electoral, esperando que no vuelva a atentarse contra los valores democráticos ilegalizando nuevamente a una parte de este pueblo. Después se le podrá votar o no, pero habremos contribuido a derribar uno de los muchos muros construidos entre nosotros.
* Mariano Gómez es miembro de Ezker Gogoa

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