La supervivencia es el mayor de los estímulos. No se conoce un incentivo con más calado. No necesita de argumentación. Razón de ser, de vivir. Iñigo Leiza es el único representante vizcaino que aún respira ante el Manomanista, el leviatán capaz de engullir a Asier Berasaluze, Oier Zearra e Imanol Agirre y hacerlos desaparecer. El lemoaztarra es el último de una especie en extinción. Por ello se agarra a la vida: "Me motiva ser el último vizcaino en juego", sentencia. "No lo digo en plan chulo, ¿eh?, que quede claro", matiza Leiza, alejándose de la altanería. La última esperanza blanca para un torneo sin piedad. Camina o revienta. Iñigo intentará avanzar mañana en el frontón de Etxebarri, donde se medirá a Oinatz Bengoetxea en los octavos de final de la máxima competición de la pelota. Leiza y Oinatz apartaron un lote similar para su enfrentamiento "tal vez el mío tiene algo más de bote", analizó el vizcaino. Ambos se mostraron satisfechos con las pelotas y con el recinto, a pesar de que la cancha vizcaina está diseñada para partidos de herramienta. "El frontis suena bien y el suelo, aunque la pelota se queda un poco, también está bien", apuntilló Oinatz, que opina que "Leiza llegará muy bien". A Iñigo le preocupa el "sotamano y el primer pelotazo" de Oinatz. Ser el último, por contra, le motiva.