Nueva sorpresa -aunque no novedad, en este centro- en la Sdad. Filarmónica de Bilbao al escuchar una interpretación plena de vida del chelista bávaro Daniel Müller-Schott y el pianista bielorruso Denys Proshayev, ambos en el umbral de los treinta años. Su interpretación de Beethoven, Schumann y Richard Strauss conquistó de lleno a la audiencia. En la beethoveniana Sonata n. 3, en la mayor, op. 69, a pesar de que en el allegro inicial no sonaran en el piano algunas pocas notas de pasajes rápidos (que suele ocurrir de vez en cuando) quedó ya patente la poderosa técnica y musicalidad de ambos intérpretes, fundidos por entero en la rica personalidad del autor que en esta obra entremezcla climas de enérgica y profusa dicción con pasajes de carácter tierno y hasta patéticas inmersiones, manteniendo no obstante una sintonía perfecta. Con la amplia y expresiva extensión sonora del piano conjuga la parte del chelista, que camina con bellísimo sonido y claridad la cambiante ruta que va desde los más líricos tramos hasta los más desenvueltos y veloces sprints .
La labor del violoncello es de muchísima exigencia en la transcripción para este instrumento de la Sonata para violín y piano de Schumann, en la menor, op. 105. Sin embargo, Müller-Schott la realiza con perfección. Debe destacarse la estrecha cohesión (más clara aún que en Beethoven) de ambos intérpretes en el estilo del autor. Y hay momentos del fraseo pianístico, en Proshayev, que crea una poética especial, dentro del espíritu schumanniano.
Para concluir programa, la Sonata en Fa para chelo y piano de un Richard Strauss veinteañero, cuyo Allegro inicial posee tanta fuerza y riqueza sonora y estructural que presagia ya las obras del Strauss veterano.
La diversa condición de esta Sonata, cuyo recio camerismo combina momentos de espíritu liederistico con otros, hasta los de cierto triunfalismo, se vio reflejada por el dúo de artistas, que concluyeron su presentación con una transcripción de la severa e íntima Vocalise de Rachmaninoff, como propina.