ELGETA homenajeó ayer a los gudaris y milicianos socialistas, comunistas y anarquistas que hace 70 años lo dieron todo por resistir en los frentes de Intxorta y hacer posible que se constituyera en Gernika el primer Gobierno de Euzkadi. Es más, por su lucha entre octubre de 1936 y abril de 1937 se llamó Estatuto de Elgeta . Todo hasta que tal día como hoy comenzara el ataque franquista y el 24 la resistencia viera cómo se acercaban tropas rebeldes por el sur, desde Kanpazar, por Zabaletamendi. El principio del fin. Aguantar era ya imposible y se ordenó la retirada hacia Zaldibar y Elorrio. Cayó la posición y Elgeta fue tomada. "Vinieron los aviones italianos y alemanes y con lo que teníamos no pudimos defender más". Son palabras de uno de los gudaris que ayer miraba a un horizonte real y al de la memoria, el que le alineaba a exactos 70 años de la contienda. "Aunque parezca lo contrario, entonces había pocos árboles. Nos veíamos los unos a otros", recordaba ante un frondoso paraje y un día más que luminoso.
Minutos antes, primero en el Ayuntamiento y, después en Espaloia Kafe Antzokia, organizadores municipales, alcaldes y la representación de Diputación y Gobierno vasco rindieron el homenaje a los gudaris y milicianos, pero también aplaudieron a vecinos baserritarras, mujeres e hijos de quienes se vieron inmersos en una descabellada batalla campal con -se estima- más de 400 bajas en cada bando.
Impotencia
El hombre del que ayer se acordaron todos, Pablo Beldarrain (Bilbao, 1909-1997), sobrevivió a las batallas. Sus compañeros de trinchera aún hablaban ayer de su impotencia por no haber podido seguir en el frente con más medios que las armas checoslovacas. En el Ayuntamiento, en Espaloia y en la inauguración de la escultura Intxortako Atea -de Juan José Aranguren- el recuerdo de Beldarrain estuvo presente. Más si cabe porque ayer hubiera cumplido 98 años y porque en 1980 él inauguró un monolito en el que su mujer Mari Carmen Amoriza depositó ayer un ramo de flores.
En el acto en Espaloia, el lehendakari Ibarretxe leyó un texto de José Antonio Aguirre en el que el primer presidente vasco calificaba al comandante del batallón Martiartu de "hombre de pocas palabras y ojos de niño". La mujer del responsable máximo del diseño de la defensa de Intxorta en los ataques de 1937 lo refrendaba en declaraciones a DEIA. "Sí, hablaba poco. Quizá porque era consciente de sus deberes". Y fue más allá: "De haber estado hoy lo hubiera pasado muy mal. Siempre le gustó permanecer en un segundo plano, sobre todo para que no hubiera distinciones entre los gudaris. Todos debían ser, incluido él, iguales", agregó. Este perito industrial bilbaino, el mayor de once hermanos que creció en la zona de La Casilla, falleció a los 88 años de edad.
Su recuerdo y el de todos los vascos que dieron su vida por la libertad sobrevoló ayer este bello paraje. "El acto del monolito de 1980 -recordaba Mari Carmen- fue más sencillo pero para mí más emotivo aún porque estaba Pablo. Aquel día fue mucho. Lo de hoy ha sido también muy agradable", concluyó agradecida.
La hija de ambos, Maialen, tildó de regalo -por el cumpleaños- los actos de recuerdo y homenaje de ayer y recordó con emoción las veces que viajó desde Bilbao a Intxorta para conocer lo que su padre y otros compañeros vivieron. Y recordó que esparcieron las cenizas del comandante por estos montes escalonados.
Amplia representación
Asistieron al homenaje el lehendakari; la portavoz de Gobierno vasco, Miren Azkarate; la presidenta del Parlamento, Izaskun Bilbao; los consejeros Joseba Azkarraga y Javier Madrazo; el diputado de Gipuzkoa, así como representantes de PNV, EA, Aralar y ANV. Tampoco faltaron a la cita el lehendakari Ardanza, el presidente de la Fundación Sabino Arana, Juan Mari Atutxa, y uno de los hijo del lehendakari Aguirre, Joseba.
El frente de Intxorta, símbolo de la defensa de Euskadi, cayó tras más de 200 días de enfrentamiento y con cerca de un millar de víctimas como infausto balance. La caída de esta resistencia abrió el camino a los franquistas hacia Bizkaia.