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Dos clientes fuman en un 'coffeeshop' de Amsterdam, ciudad a la que aún no ha llegado la ola del cambio respecto a estos locales. |
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La política comunitaria europea y el nuevo ambiente en la política municipal holandesa han reducido en una cuarta parte el número de locales en los que se venden y consumen drogas blandas. Texto Christian Schultz foto Afp
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Holanda contra los 'coffeeshops'
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En el aire hay un denso humo y un olor dulzón. En un rincón reina un Buda de porcelana con un porro en la mano. Junto a él, una barra de madera. Es el corazón del coffeeshop De Molen en la ciudad holandesa de Enschede. Aquí, a pocos kilómetros de la frontera con Alemania, se venden libremente drogas blandas como hachís y marihuana. Eso atrae a muchos turistas. Pero está política liberal ya empieza a ser cosa del pasado. Sólo en Enschede, de 155.000 habitantes, la cifra cayó de 17 en 1999 a nueve. También Maastricht y Arnheim registraron cierres.
"Es un hecho que vienen sólo por los coffeeshops", dice Michael Haase, portavoz del ayuntamiento de Enschede. "Trescientos metros detrás de la barrera está el primer local", relata Franziskus Siegers, director de la oficina de asesoramiento en materia de drogas en Gronau, localidad fronteriza alemana.
Pero eso no responde al interés de los municipios y del gobierno holandés. Así, el Ministerio del Exterior se lamenta en un folleto de que los coffeeshops en las zonas fronterizas visitadas por turistas interesados en drogas muchas veces generan problemas. Y también Haase conoce casos de Enschede en los que algunas personas fueron molestadas. Por eso se quiere reducir la cifra de tiendas. Desde 1999, los políticos municipales holandeses incluso pueden cerrar las tiendas sin que ocurra percance alguno.
"En la política contra las drogas hay acuerdo más allá de las fronteras partidarias", dice Haase y confirma Christoph Bonig, portavoz de la red europea Euregio. "Los políticos municipales holandeses ven con ojos críticos el turismo incentivado por las drogas y por eso ajustaron las riendas".
Este cambio de rumbo se refleja a nivel nacional en las cifras. El último informe sobre drogas del Instituto Trimbos en Utrecht registró entre 1997 y 2004 un descenso en los coffeeshops de 1.179 a 737.
El De Molen superó esta ola de cierres y vende siete tipos diferentes de marihuana. La más barata se llama Ketama. Los 0,8 gramos a cinco euros. "Se puede elegir entre diferentes tipos de sabor y de potencia", explica una vendedora. Habitualmente, llegan unos 50 clientes por día que compran un máximo de cinco gramos de drogas blandas por persona. De Molen, por tanto, sobrevive al cambio como ha sobrevivido a las dificultades legales: por ejemplo, está prohibido transportar las drogas a los locales. "Cómo llega hasta ahí, es algo que sigue siendo un misterio", dice el agente de aduanas Schulze. |
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