"Sabía que mi hija estaba muerta porque si no me habría llamado por teléfono". La lógica de una madre es aplastante y, en este caso, certera. Aintzane Garay López murió desangrada fruto de las puñaladas que le asestaron en la madrugada del viernes al sábado 15 de octubre de 2005. Su cadáver fue descubierto tres días después en el monte Jata de Bakio, semienterrado y con signos de agresión sexual. Su ex novio, Mikel Herman Belausteguigoitia, se sentó ayer en el banquillo de la sección sexta de la Audiencia Provincial de Bizkaia acusado de homicidio. La acusación particular solicita 47 años y la Fiscalía 31. Él se declaró ayer inocente. Su abogado orquestó toda una serie de declaraciones para otorgar al acusado un halo de infortunio: hijo adoptivo, padres separados, enamorado y casado con una prostituta (de cuyo oficio se avergonzaba ante familia y amigos) y viviendo en Ruanda hasta los 14 años, donde presenció a esa edad cómo unos ladrones le pusieron un machete en la cabeza de su madre (cónsul honoraria de España en este país), cómo un policía le disparó a su progenitora, y que después de todo ello, la familia tuvo que salir de urgencia escoltada por los Cascos Azules de la ONU cuando estalló la guerra civil entre hutus y tutsis. Además, el abogado indicó que Mikel se había convertido en los seis meses anteriores al crimen en un consumidor esporádico de cocaína debido a todas estas circunstancias. Y que en la jornada del suceso no dejó de consumir: "Desde primera hora de la mañana hasta última hora de la noche", dijo el acusado después de retractarse de la confesión del homicidio que hizo "bajo presión" en comisaría tras su arresto.
Pero los quince familiares y amigos de la víctima y de la acusación que declararon ayer fueron dibujando un panorama diferente. Uno de los testimonios que desmontó la hipótesis del abogado de la defensa fue el de su mejor amigo, Asier U. A., cuando indicó que la noche del asesinato, antes de ir al encuentro con Aintzane, Mikel bebió un solo cubata. "No estaba drogado, ni borracho, ni alterado". En alguna ocasión, sí le vio "consumiendo cannabis", pero nunca meterse rayas de cocaína.
El mejor de los amigos de Mikel, con el que compartía a medias el alquiler de una lonja de Mungia y una amistad forjada gracias a diez años de fraternidad, manifestó que nunca llegó a conocer a Aintzane, a pesar de que Mikel y él tenían "mucha confianza", y que ni siquiera sabía que el acusado y la víctima habían mantenido "una relación". De las "otras chicas", Mikel sí que le habló, incluso le confesó el oficio de su mujer. De ella, jamás.
"Muy posesiva"
Antes de que Mikel empezara a declarar, el funcionario subió el aire acondicionado. El acusado admitió el noviazgo con Aintzane, pero no pudo precisar ni cuándo empezó ni cuándo acabó ni cuánto duró. Dijo que terminaron porque ella era "muy posesiva" y que él quería "más espacio y tiempo". Mikel empezó a sudar, una gota le recorrió el rostro hasta el mentón. La separación de sus padres se produjo en abril o mayo de 2005. "Me afectó bastante, pero no lo expresaba". En abril conoció a su esposa en un club de alterne de Leioa y en mayo se fue a vivir con ella a Bilbao, junto con una compañera de trabajo de ésta. A su esposa tampoco le habló de su ex novia de Barrika. Ni una palabra.
"Por mensajes de móvil quedé con Aintzane a las diez y pico de la noche en un mirador de Bakio. Yo llegué primero, esperé, me metí unas rayas y escuche música en el coche. Quería explicarle que me había casado y que quería cortar aquella amistad con derecho a roce . Esperé media hora. Ella llegó. La vi normal, salió del coche, nos saludamos y nos metimos en el mío. Le expliqué que quería vivir el resto de mi vida con mi mujer. Hubo un pequeño silencio. Ella me reprochó que la había utilizado y me dijo unas palabras que no eran agradables. Se puso a llorar, le ofrecí un pañuelo, salió del coche para orinar, volvió y me dijo que podíamos seguir haciéndolo sin que nadie se enterara. Siguió llorando. Luego se fue a su coche, arrancó y se marchó en dirección hacia Bakio. La espere una media hora y estuvimos juntos algo menos de una hora. Me quedé pensando porqué se había tomado tan mal las cosas, me metí una raya y me fui a Bilbao", declaró.
"Bien aparcado"
Mikel es un gran aficionado a la mecánica, a la pesca submarina y a las motos. Su padre tenía un taller mecánico en Ruanda. Dijo que los cortes que le encontró el forense en los brazos eran fruto del cambio de disco del freno, de pescar en el mar y de trabajar en una fundición; no de que Aintzane se defendiera durante una agresión sexual.
La compañera de trabajo y amiga de la joven de Barrika, Susana H. L, también fue determinante. "El coche de Aintzane apareció perfectamente estacionado y aparcado frente al bosque, lejos de la luz, con lo miedosa que ella era. Me llamó la atención". Otros testigos también coincidieron en que su Seat Ibiza estaba "demasiado bien aparcado". Susana también indicó que Mikel había quedado con Aitzane "dos o tres veces" el mes anterior pero que siempre le daba "plantón". "Incluso le dijo que se iba a vivir a Bélgica y que quería despedirse de ella".