Bilbo. Es un superviviente y como tal participa en este documental. En el bombardeo corrió la suerte de no perder a ningún familiar, aunque no puede decir lo mismo de sus amistades. Cuando bajaba del monte Kosnoaga, donde se refugió del bombardeo con un amigo, se encontró con "ocho o diez cuerpos muertos en el camino. Uno era amigo mío".
Dice que sobre las 17.30 h. empezaron las bombas, pero que el amigo con el que estaba ni se asustó.
No le dio mucha importancia, pero yo sí. A los diez minutos, de Gasteiz vinieron otros tres aviones y pasamos apuros. Yo me tiré al suelo y durante toda la tarde vimos cómo los aviones volaban muy bajo, a poquísima altura.
Volaban a sus anchas.
En el pueblo no encontraron resistencia, así que estaban a placer. Cuando acabaron la munición se fueron de vuelta para Gasteiz, pero en ese intervalo vinieron otros tres aviones y así de seguido toda la tarde.
Y ustedes decidieron refugiarse en el monte Kosnoaga.
Junto a mi amigo, nos fuimos para allá a refugiarnos, y no parábamos de movernos de un lado a otro para no convertirnos en un blanco fácil y poder despistarles.
Y lo hicieron. Los dos salieron vivos.
Sí, pero a la vuelta del monte al pueblo nos encontramos con ocho o diez cuerpos muertos en una campa. Ahí se encontraba uno de mis amigos.
Sin embargo, y aunque no fue consecuencia del bombardeo, perdió en esa época a su padre.
Estaba de viaje en Madrid y la guerra nos cogió a cada uno a un lado. Nunca más volvimos a saber nada de él. La Cruz Roja nos dijo que había muerto y que no había sido por causas naturales.
¿Y qué secuelas le queda a un superviviente de aquel día de hace 70 años?
Durante muchos años tuve pánico a los aviones, y los tornados y todas esas cosas me siguen recordando al bombardeo. Es algo que no se puede olvidar en la vida. Una cosa es contarla y otra diferente, sufrirlo. |