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El historiador franquista Ricardo de la Cierva escribió que los fallecidos en el bombardeo de Gernika no llegaron a una docena; por su parte, el lehendakari Aguirre los cifró en 1.600. La verdad sobre el número real de fallecidos continúa siendo una incógnita. Texto H. Unzueta
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Bombas, muertos y mentiras sobre la villa foral
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fUERONmuchas las mentiras que se arrojaron sobre el bombardeo de Gernika. El Nodo se encargó de propagar a los cuatro vientos que la destrucción de la villa foral corrió a cargo de las hordas rojas, acusando a las plañideras vascas de mentir sobre lo sucedido. También sobre el número de muertos se han dicho falsedades como puños. Ricardo de la Cierva llegó a escribir que los muertos no llegaron a una docena. El informe Herrán encargado por Franco años más tarde recogía tan sólo 45 fallecidos, todos ellos sepultados bajo la techumbre de los refugios que cedieron por el crujido de las bombas. En el otro bando, la cifra ofrecida por el lehendakari Aguirre superaba los 1.600 muertos. La propaganda ha jugado un papel decisivo en la estrategia bélica.
Es la de los muertos del bombardeo de Gernika una incógnita aún por despejar y, probablemente, será muy difícil saber algún día, ya no el número exacto de decesos provocados por las bombas de la Legión Cóndor, sino siquiera un guarismo aproximado fiable y riguroso. Se ha hablado y escrito mucho sobre el bombardeo, pero el de las víctimas no ha sido una preocupación de los historiadores. Cada cual ha contado la historia según le convenía y dado por buena la versión del bando al que ideológicamente está adscrito. La ausencia de documentación oficial (destruida por el fuego y desaparecida por los franquistas) impidió en su día hacer un recuento de los caídos. Y a falta de papeles, la única vía a explorar hubiera podido ser la de los vecinos y supervivientes, pero no se hizo a tiempo.
El bombardeo de Gernika comenzó hacia las cuatro y media de la tarde. A esa hora, llegó un primer avión, pilotado por Van Moureau, que fue avistado por el vigía de Aixerrota, quien alertó a la población. En los diez minutos que mediaron entre las primeras bombas arrojadas por el solitario Junkel y la escuadrilla de nueve aviones que secundaron la masacre, la población pudo ponerse a salvo.
Gernika estaba poblada por unos 5.000 personas, pero ascendía a 7.000 sumando a los refugiados que huían del frente y la guarnición militar ubicada en la villa. Además era lunes y, por tanto, se celebraba la fería semanal que reunía a mucha gente de la comarca. Las 28 toneladas de bombas caídas sobre Gernika arrasoron la villa, sobre todo por el fuego que devoró las estructuras de madera de los edificios. A través de diferentes medios, se han podido documentar tan sólo 120 identidades, aunque a buen seguro esa cifra se puede multiplicar por dos o quizá por tres.
LA CIFRA
120
· Los muertos. El único trabajo sobre el número de muertos en el bombardeo identifica a 120 personas fallecidas. A falta de documentación oficial, los datos fueron obtenidos a través de los testimonios de supervivientes y literatura historiográfica. Los historiadores Salas de Larrazabal, Vicente Talón y Herbert R. Southworth hablan de 120, 250 y 500 muertos, respectivamente, aunque sin detallarlos. |
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