El velo islámico o hiyab , que ha invadido Egipto en sus diferentes estilos, tiene todavía vetados sectores considerados sensibles como la televisión, los hoteles y las líneas aéreas, los últimos bastiones de un Egipto laico. Un viajero en las líneas aéreas Egyptair pronto se dará cuenta de que las azafatas no tienen el pelo cubierto y al llegar a su hotel tampoco verá a recepcionistas con hiyab . Pero la primera impresión del país que tiene un visitante cambia tan sólo con darse una vuelta por la calle. Es entonces cuando se fijará en que, entre cabezas totalmente cubiertas con niqab (que oculta, además del cabello, toda la cara salvo los ojos) y otras con el velo islámico, son las menos las que dejan el pelo al aire.
Pese a ello, las líneas aéreas egipcias aún resisten que el hiyab forme parte de su uniforme como las emiratíes o las saudíes.
"No se trata de prohibirlo ni permitirlo a bordo del avión, sino de que el uniforme de Egyptair no lo incluye", afirmó la responsable de prensa de la compañía, Yusriya Ragab.Su empresa no ha tenido polémicas con azafatas que hayan decidido ponerse el velo, ya que "las chicas con hiyab ni siquiera se presentan para ocupar ese puesto, que tiene sus exigencias especiales".
Y es que se supone que una musulmana conservadora, que no deja que se vean sus cabellos, no puede pasar noches fuera de casa ni atender a los hombres.
Si Egyptair no ha sufrido polémicas por la forma musulmana de vestirse, la televisión estatal sí que las ha tenido, con el caso de dos presentadoras, apartadas de su trabajo tras ponerse el velo, que han decidido romper el silencio sobre el asunto e incluso llevarlo a los tribunales internacionales.
Hala al Maliki y Ghada al Tauil, locutoras en el canal Cinco de la televisión egipcia, luchan por salir en la pantalla con el velo después de que les hayan impedido seguir desempeñando su labor, aun sin aparecer ante las cámaras.
Ambas, que llevan más de quince años en esa cadena, han empezado a estudiar los acuerdos internacionales firmados por Egipto sobre la libertad de derechos, y consultarán a jueces y activistas para poder llevar el caso a los tribunales internacionales, según Maliki.
A la locutora, que comenzó a llevar el hiyab en 2002, le prohibieron presentar los seis programas en los que trabajaba entonces. Pese a que una orden judicial egipcia permite a las dos presentadoras salir en la pantalla con el velo, según Maliki, la administración de la televisión no la ha aplicado.
Además, "me sorprendieron al pedirme el cambio a un trabajo administrativo, y cuando rechacé, fui objeto de presión, humillación, frustración e injusticia", afirma. "Querían que sirviésemos como ejemplo para las demás chicas con velo en la televisión", destaca Maliki.
Sin embargo, la locutora se mostró optimista respecto a que las leyes internacionales "puedan poner fin a la discriminación", y al final el canal sea como el qatarí Al Yazira y el saudí Al Arabiya, que sí cuentan con presentadoras con el pelo cubierto.
Y en el caso de que las presentadoras ganen su lucha, todavía quedará una duda por resolver. Habrá que ver entonces si se les permite retomar su trabajo o, por el contrario, pasan a un papel secundario.