bilbao. Lorena Márquez prefiere salir fuera del quiosco de la ONCE donde trabaja cuando no llueve. Es invidente desde los cuatro años, debido a un error médico, y ahora, con 22, hace año y medio que se ocupa del puesto de cupones de la calle Salou de Rekalde. Atiende a los clientes con confianza y amabilidad. "Hasta ahora siempre me he fiado de la gente", afirma Lorena con una lozana sonrisa. Y recalca que "hasta ahora" porque la semana pasada vivió uno de los peores capítulos de su vida profesional. La misma persona le robó al menos en tres ocasiones.
"Tengo una bandejita donde tengo clasificadas las monedas de uno y dos euros y que está relativamente a la vista, metía la mano por la ventanilla y me quitaba el dinero", explica Lorena. Entablaba conversación con ella y aprovechando que es invidente, le sustraía parte del dinero que la joven había recaudado con la venta de cupones. "Esto me sucedió el lunes y el martes, porque con mi madre, que me ayuda a hacer las cuentas, nos percatamos de que faltaban entre 80 y 90 euros", comenta Lorena. "El miércoles volvió y me di cuenta de que era él, le pillé intentado robarme y le pregunté que qué hacía, que soy invidente pero no tonta", añade. Después de que el atracador negara las evidencias, Lorena le pidió que le devolviera el dinero robado y tan sólo le dio dos euros. "Me puse muy nerviosa y me eché a llorar", explica.
Finalmente, y ante el temor de que el ladrón volviera, decidió denunciarlo a la Policía Municipal, que el jueves de la semana pasada, un día después del último robo, montó un dispositivo de vigilancia. "Me dieron un móvil con el que poder llamarles si notaba algo raro", señala. Un vecino que suele sentarse en los bancos junto al quiosco fue testigo de una de las ocasiones en que robaron a Lorena y estaba al tanto del asunto. "Ese día me advirtió de que acababa de ver al hombre que me había robado, llamé a la policía y le pedí que se quedara conmigo mientras llegaban", apunta. "Poco después lo detuvieron, pero lo más gracioso es que la policía me dijo que el ladrón quería hablar conmigo para pedirme perdón", explica. Lorena nació con una hidrocefalia en la cabeza, por eso tuvieron que ponerle una válvula. "Tenían que quitármela a los dos años pero lo hicieron a los cuatro y me dañaron el nervio óptico", señala. Explica que se defiende bien pero que ahora tiene miedo y reclama algún tipo de vigilancia. En un cajón guarda las monedas de viejos francos con los que algunos le han pagado, símbolo de la indefensión que siente. |