bilbao. La tercera y última sesión de la vista oral del caso Aintzane Garay fue la más corta, tres horas y media dedicadas a las deliberaciones de los letrados. Las peticiones iniciales se mantienen: la fiscalía pide 31 años de prisión, la acusación particular 47 años y 800.000 euros de indemnización para la familia y la defensa pide la absolución. En dos puntos varían: la fiscalía eleva la indemnización a 200.000 euros, dada la "gravedad" de los hechos (asesinato y agresión sexual con alevosía y ensañamiento) y la edad de la víctima (26 años), y la defensa busca el atenuante de "intoxicación" por estupefacientes, en el caso de que su cliente fuera declarado culpable. Pero no lo es, aseguró en su argumentación, que contó con varias incoherencias.
En este caso no hay testigos presenciales (sólo los 22 mensajes que se intercambiaron la víctima y el agresor en las tres horas previas a su encuentro, él empezó la comunicación y le mandó 13 SMS), ni tampoco existen pruebas concluyentes (como semen en la víctima; en la violación se utilizó preservativo). Pero varios indicios apuntan al acusado como agresor; existen tres pruebas científicas circunstanciales, y su confesión del crimen inicial, realizada en comisaría y ante el juez siempre en presencia de su primer letrado. El procesado decidió cambiar de abogado después de pasar un mes en la cárcel de Basauri y con él, modificó su versión, negando el brutal asesinato (15 puñaladas, tres desgarros anales, muerte por desangración, agonía de entre 15 y 30 minutos).
¿Existen suficientes pruebas para condenar a Mikel Herman Belausteguigoitia? Todo depende de la interpretación de los indicios. "¿Qué es la verdad?", preguntó la defensa a los tres magistrados. "Ustedes fijan la verdad judicial. Tengo plena confianza de que actuarán con rectitud en la valoración de las pruebas y, desde esa rectitud, les pido una sentencia absolutoria". El letrado tejió otra vez su hilo argumental en el perfil psicológico del acusado (introvertido y paranoico), su vida ingrata y el consumo en fechas recientes a los hechos de cocaína, alcohol y antidepresivos.
Con hipótesis desechó uno a uno los indicios, y justificó el positivo de ADN en tres pruebas de la siguiente manera: el cabello de Aintzane encontrado en el coche de Mikel ("ellos habían seguido manteniendo relaciones"), la muestra encontrada en la llanta delantera izquierda con ADN de Aintzane y Mikel entremezclado ("ella orinó detrás del coche cuando bajó del coche y él reparó el disco del freno al día siguiente, haciéndose un corte con sangre, relató Mikel el martes") y el pañuelo de papel hallado en el lugar donde apareció el cadáver ("él le ofreció un pañuelo cuando ella se puso a llorar"). ¿Pero cómo llegó hasta allí?
Sobre estas dos últimas evidencias, los peritos forenses sugirieron otra situación: el ADN entremezclado es probablemente sangre y sangre o sangre y saliva, "difícilmente puede ser orina, ya que la orina no lleva restos de ADN, a no ser que quien orine esté enfermo y expulse sangre", dijo el perito. Sobre el pañuelo, la muestra biológica confirma la presencia de Mikel, no de Aintzane. ¿Si ella lloró y se sonó la nariz, no debería constar su ADN?
todo o nada "Si esa historia es cierta", sostuvo la defensa en caso de que el tribunal valide la confesión inicial de Mikel, "no se puede romper el relato, porque entonces no sería ni prolijo ni vehemente. O cogemos el paquete entero, o no. Habrá que aceptarlo con independencia de otras pruebas, porque la naturaleza humana es inexplicable", prosiguió en referencia al atenuante "muy cualificada" de intoxicación por estupefacientes. Y concluyó que ingiriendo cocaína, "a un estímulo mínimo, la respuesta resulta desproporcionada". El procesado no quiso añadir "nada más de lo que ha dicho mi letrado". El juicio quedó visto para sentencia. |