DONOSTIA. Julio Cortázar, su herencia intelectual y literaria, está en todas partes. Aunque nunca se haya enamorado de la Maga leyendo Rayuela o jamás se haya cruzado en su vida con algún cronopio, es muy complicado que alguna de sus muestras de inteligencia no le haya rozado. ¿Ha visto un anuncio de un coche en el que una voz profunda enumera lo que significa regalar un reloj? La idea no pertenece a ningún publicista brillante, sino a un texto (Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj) del escritor argentino. Cortázar estuvo en todas partes. Da fe de ello Viajes, imágenes y otros territorios, la exposición que desde ayer y hasta el 23 de junio acoge el centro de cultura Okendo. La muestra explora el archivo de Aurora Bernárdez, la primera mujer de Julio, y en la que se reproducen todas sus filias: la fotografía (las serie de fotografías de Prosa del Observatorio, Muñeca Rota y Los autonautas de la cosmopista), e cine, sus estancias en París o La India, libros-almanaque o su intensa producción epistolar.
En coherencia con el carácter juguetón del escritor, la muestra está armada desde una perspectiva lúdica, en la que se proyectan filmaciones realizadas con el Super 8 del escritor, una lupa permite examinar fotografías de muñecas en posturas perversas y el visitante se puede introducir en una caja suspendida que narra el viaje a Solentiname (Nicaragua).
“La exposición presenta a Cortázar desde otra panorámica, no ortodoxa desde el punto de vista literario, sino algo lúdico sobre los aspectos que le apasionaban”, explicó ayer Eva Gimeno, coordinadora de la exposición, que ha sido producida por el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) y que desde 2004 –año en el que se conmemoraba el vigésimo aniversario de la muerte de Cortázar, que hubiera cumplido 90 años– se ha instalado en antes en Valladolid, Canarias, Girona y Santiago de Compostela.