Rogelio Botanz nació en Legazpia, pero ya hace tres décadas que se asentó en Canarias. Precisamente allí supimos de él como integrante del legendario Taller Canario de la Canción, junto a Andrés Molina y Pedro Guerra. Ahora, tras estar implicado en una docena de discos, edita su tercer álbum en solitario, Vuelos (Gaztelupeko Hotsak), un disco "fruto de los viajes" de este cantautor y en el que se atreve con tres canciones en euskera. A caballo de lo acústico y el acompañamiento eléctrico, Botanz se rodea de colaboradores como Kepa Junkera. Hoy lo presenta en Espaloia Antzokia, en Elgeta, y mañana en la Kultur Etxea de Lekeitio, con el apoyo de los guitarristas Koldo Lizarralde y Javi Botanz, y el violín de Arkaitz Miner. Vuelos no es un título casual, sino "parte sustancial de las canciones que agrupa", explicó ayer Botanz. De hecho, su repertorio es el fruto de 15 años de los viajes que ha realizado este antiguo colaborador de Pedro Guerra. "Desde 1992 lo pasó cogiendo aviones con la ilusión de compartir canciones con la gente. De ahí, de esos vuelos y experiencias proviene el título", explicó el artista, que ha grabado sus últimas canciones en su propio estudio, el que acogiera las grabaciones históricas del Taller Canario. "Es un estudio profesional porque cumple los requisitos, las canciones suenan muy bien. Y es doméstico porque lo tengo en casa", indicó el músico, que ha contado con su hija, Julia, diseñadora y realizadora de dibujos animados, para ilustrar el álbum. "Ha hecho un diseño moderno y atractivo. Ella se ha criado con algunas de estas canciones", apostilló.
Como siempre, Botanz se mueve como pez en el agua por un repertorio que destila poesía cotidiana y mestizaje musical, el que proviene de sus raíces vascas, la exploración del folclore canario y sus influencias africanas y caribeñas, especialmente cubanas. Cantautor a caballo entre lo acústico y lo eléctrico, Botanz se muestra orgulloso de "la fuerte presencia vasca" de este disco. Y pone como ejemplo el sello que lo edita, la colaboración de Kepa Junkera y Arkaitz Miner, y que, por primera vez, se atreve con tres canciones interpretadas en euskera, una de ellas extraída de un poema de Gabriel Aresti.