LOS integrantes de la Orquesta Sinfónica de Euskadi han cambiado el oropel de los teatros por la luz natural a pie de calle. El conflicto laboral que la formación mantiene en la demanda de un salario equiparable a sus compañeros de profesión en otras orquestas del Estado los empujó a presentarse con sus instrumentos a las puertas del Gobierno Vasco. Con esperanzas de que la lluvia no estropeara sus reivindicativos propósitos, los componentes de la agrupación mantenían afinados sus instrumentos para acompañar con música sus reivindicaciones dirigidas en primera persona a la consejera de cultura, Miren Azkarate, a quien reprochan su mutismo.
Afiladas las armas, adornadas para la ocasión con lazos verdes, y compuesto el escenario engalanado con dos pancartas y banderas sindicales, la Orquesta se dividió en tres grupos para marcar las notas de la batalla. La primera en salir a la palestra fue la sección de metales que con una pieza de Bach se lanzaba al cometido de hacerse oír, uno de los principales objetivos de esta protesta, según expresaba Ortzi Ohiartzabal, vicepresidente del comité de empresa, decidido a "mostrar nuestro trabajo, ya que parece que no nos escuchan mucho".
Explotando el socorrido recurso de Mahoma y la montaña, las maderas continuaron con el improvisado concierto extendiendo por los aledaños de Lakua las notas de una composición de Mozart. La amenazante climatología provocó un cambio en el programa y la sección de cuerdas tuvo que conformarse con perder protagonismo y unirse a sus compañeros en la interpretación de la pieza de clausura, La Amorosa de Guridi cuyos compases finales se vieron obligados a seguir el ritmo que la lluvia comenzaba a imponer.
Entre lema y lema, los músicos se empeñaron en demostrar que aunque sus compromisos llegan a rondar la cifra de los cien conciertos anuales, el trabajo no es el problema, sino las condiciones en las que asumen largas horas de ensayo, viajes y actuaciones.
El conflicto, que lleva ya cinco meses en el aire, ha tenido como consecuencia la suspensión de los conciertos que la OSE tenía previsto ofrecer en Vitoria y en Donostia, aunque sí cumplieron con la actuación que tenían pactada en Bilbao. Ohiartzabal explicó que, de momento, han intentado evitar un enfrentamiento directo y la suspensión de actividades, sin embargo, el representante del comité apuntó que si no se inicia una negociación en breve, los integrantes de la formación se verán obligados a iniciar una huelga indefinida.
A la espera de una propuesta que puedan considerar "justa", los músicos de la OSE confían en no tener que suspender sus próximas actuaciones previstas para los meses de mayo y junio.
Inmersa en la celebración de su 25 aniversario, los miembros de la agrupación insisten en su determinación de dejar de ser una "orquesta de primera con sueldo de tercera". Para conseguirlo han afirmado que llegarán hasta donde sea necesario para buscar una respuesta favorable en un conflicto que no tiene visos de solucionarse fácilmente.
Entretanto, será el público aficionado a la música el primer damnificado en este mudo impasse que mantendrá inmóvil el telón acostumbrado a recibir las visitas periódicas de la orquesta.