UNA multitud se congregó una vez más en los actos de la ofrenda floral y el responso en memoria de las víctimas del bombardeo. Desde 1995, año en el que se construyó el mausoleo que acoge los restos mortales de los fallecidos sin identificar que descansaban en una fosa común, este acto está siendo el más emotivo de cuantos se llevan a cabo cada 26 de abril. El tenso pero emocionante silencio que protagoniza la ceremonia es aún más sobrecogedor con el lento y acompasado repicar de la campana de la iglesia de San Juan, destruida en el bombardeo y que fue colocada hace doce años junto al mausoleo. Ésta comenzó a sonar ayer a las cuatro y media de la tarde, la misma hora en la que setenta años antes sonaron las campanas de las iglesias de la villa anunciando el ataque de la aviación enemiga y advirtiendo a los ciudadanos para que se guarecieran de las bombas. Uno a uno los representantes de las distintas instituciones fueron depositando sus ramos frente al panteón. El primero fue Adolfo Pérez Esquivel; después, Miren Azkarate, en representación del Gobierno vasco; Izaskun Bilbao, presidenta del Parlamento vasco; la diputada foral Belén Greaves; y la presidenta de las Juntas Generales de Bizkaia, Ana Madariaga. Tras ellas hicieron lo propio los representantes del Gobierno alemán, de las ciudades hermanadas de Berga, Pforzheim y Boise, de las ciudades mártires deVolgogrado, Hiroshimay Varsovia, o el representante del Comité Internacional de Auschwitz, el alemán Julius Goldstein. Al igual que lo hiciera el pasado año, ayer asistió de nuevo a la ofrenda George Steer, hijo del periodista británico que hizo saber al mundo del vil acto ocurrido en Gernika, a través de sus crónicas en los diarios Times y New York Times.
Los últimos en depositar el preceptivo ramo fueron dos de los supervivientes de aquel 26 de abril de 1937.
Este acto, que hasta hace una decena de años era casi íntimo, con la presencia de familiares de las víctimas y algunos vecinos, se vio abarrotado ayer hasta el último de los asientos que se perdía en la puerta de entrada al campo santo. POR LA PAZ. Tras la ofrenda floral, fue el párroco quien tras el pertinente responso pidió “por la paz y el diálogo”. Más tarde la oración se repitió dentro del mausoleo, acción que emocionó sobremanera al representante del Comité Internacional de Auschwitz, Julius Goldstein, que tras el acto tuvo que ser atendido por los sanitarios.
La coral gernikarra Gaudeamus interpretó tres emocionantes piezas: Aleluya, Pater Noster y un canto por la paz, antes de dar paso al aurresku de honor. La interpretación del Gernikako Arbola fue el único momento en el que los asistentes rompieron el silencio que protagonizó el acto y en el que las lágrimas brotaron en varios momentos de los ojos de varios de los presentes.