Un total de 294 metros de eslora y 32 de anchura son las medidas del Millennium. Doce días a bordo de él y ni un minuto para el aburrimiento. Algunos incrédulos pueden pensar que esto es imposible. Que seguro que a uno le entra la claustrofobia tras pasar unas horas en él, que los planes se acaban... Sólo con dar un paseo por algunas de las zonas de las que disfrutan sus pasajeros, estas ideas desaparecen.
No falta ni un detalle en sus doce plantas. Piscinas y jacuzzis interiores y exteriores, discoteca, sala de espectáculos, teatro, sala de cine, casino, sala de internet, biblioteca, salón de belleza, spa, pista de fitness, helipuerto, jogging y baloncesto, zona para jugar a golf... Además de un área dedicada a las subastas de cuadros.
A la hora de comer, nada falta en la mesa. Todos los restaurantes, a excepción del Olympic son gratuitos, aunque en todos los casos hay que pagar algunas bebidas. El precio de los vinos, por ejemplo, oscila entre los 30 y los 1.200 dólares. Y es que la botella más antigua de su bodega data del siglo XIX.
"Intentamos no decirle que no a los pasajeros nunca. Algunos nos piden lo que necesitan antes de embarcar, pero otros lo hace cuando ya hemos partido y hacemos todo lo posible por cumplir sus deseos en el siguiente puerto en el que atraquemos", explica Begoña Rivas, anfitriona internacional del Millennium.
Tanto ella como el resto de la tripulación se desvive por sus huéspedes. "Una de las características que nos diferencian del resto de cruceros es que somos un gran equipo muy dedicado a su trabajo. Estamos atentos en todo momento para que los tripulantes disfruten del viaje", asegura Kim Heroux, organizadora de eventos de este crucero, quien asegura tener "el mejor trabajo del mundo, me dedico a organizar fiestas". Si, por ejemplo, hay alguna persona que viaja sola, los animadores están pendientes de ella, le sacan a bailar o toman una copa con ella.
A pesar de todos estos servicios, lujos y comodidades, al llegar a puerto los pasajeros deciden pisar tierra firme y conocer el entorno. Ayer partieron desde Getxo dos autobuses rumbo a Donostia y Hondarribia, dos a Gasteiz y La Rioja, dos a Bilbao y Castro, dos realizaron la ruta "Bilbao pinchos", uno visitó la costa vizcaina, diez el Guggenheim y el Casco Viejo y otros diez estuvieron yendo y volviendo desde el centro de Bilbao hasta el pie del barco.
Aunque el naufragio del barco "Diamante del Mar" frente a la costa de Santorini no queda muy lejos en el tiempo, "ni un solo pasajero se ha mostrado preocupado al respecto", según aseguró la propia Rivas. Quizás el relax que se respira a bordo o el lema que gobierna el puesto de mando -"Eternal vigilance is the price of safety" (La vigilancia eterna es el precio de la seguridad)- son los motivos de tanta tranquilidad. |