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Amina cubre su cabello y parte de su pecho con un velo, tal y como prescribe el Corán. |
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Yamila, Amina e Imán dicen sentirse más libres desde que ocultan bajo el hiyab su cabello. Menospreciadas no por el velo islámico, sino por el de la ignorancia, los prejuicios y el recelo, estas tres musulmanas vascas piden respeto. Texto Arantza Rodríguez fotos Oskar Martinez
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Vivir bajo el tupido velo
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Por más que uno intente vaciar la cartera de prejuicios, siempre se le cuelan algunos en el monedero. Entre ellos, los que dibujan a las musulmanas como mujeres cabizbajas, de mirada huidiza y semblante serio. Tres mujeres vascas convertidas al islam demuestran con su sonrisa, el brillo de sus ojos, sus testimonios y sus vaqueros que no siempre se esconde lo que uno espera bajo el tupido velo de la ignorancia, las ideas preconcebidas y el recelo.
Acostumbradas a que se compadezcan de ellas, Yamila, Amina e Imán aclaran que nadie las ha obligado a cubrirse la cabeza con un pañuelo. Lo hacen por Alá, para que las valoren como personas y para liberarse de la tiranía de los tintes, el maquillaje y los últimos avances estéticos. Conscientes de que sobre el mundo islámico planea la sombra del terrorismo y de la conculcación de derechos, comprenden la desconfianza. "El problema es que musulmanes que practiquen bien el islam hay pocos", afirman.
Yamila
"Las monjas llevan la toca y nadie se mete con ellas"
"Tú pareces una persona sensata, ¿por qué llevas el pañuelo?". La pregunta se la hizo una funcionaria de Bienestar Social y Yamila todavía no da crédito. "Fíjate, ¿qué me quería decir? ¿Que por llevar pañuelo soy una insensata o una ignorante? A mí la que me pareció tonta fue ella. La gente te juzga simplemente por el primer vistazo que te echa, es totalmente injusto", se lamenta esta mujer que se convirtió al islam hace tres años y desde hace uno no sale de su casa, en Derio, sin ocultar su cabello bajo un fular. "Cuando una se pone el velo se lo pone por religión, porque cree en Alá y él se lo ha pedido", afirma y echa mano de una comparación para reclamar respeto. "Las monjas llevan la toca y nadie se mete con ellas. Las musulmanas somos como monjas, sólo que podemos casarnos, tener hijos y hacer un poquito más de vida mundana", argumenta quien en su día llevó la "minifalda y el top más corto que había en el mercado" y ahora apenas deja el rostro y sus manos al descubierto.
Puestos a derribar prejuicios y acallar a los que se compadecen de ella por usar el velo, Yamila no pierde el tiempo. "A mí el islam me parece una liberación porque como vamos todas como un saco no sabes si la otra está más gorda o tiene más pecho, no hay comparaciones ni te tienes que gastar tanto dinero en estar guapa. Yo ya estaba harta de tener que ir siempre arreglada, de peluquería, depilada... En cierta manera eso es una esclavitud también", advierte y cita otra de las ventajas que, a su juicio, tiene envolver su cabeza con un pañuelo. "Cuando lo llevas los hombres te ven como una persona y te respetan por cómo eres, no por el físico".
Sabedora de que convertirse al islam no siempre es un camino de rosas, Yamila alerta a "las jovencitas que lo hacen porque están enamoradas" de que "nadie les puede obligar a hacer nada". "Les digo que tienen que diferenciar lo que sus maridos quieren y lo que es el islam porque hay muchos hombres que mezclan las costumbres de su país con la religión", señala.
Y esa no es la única traba. "La sociedad vasca es tolerante entre comillas porque a la hora de trabajar de cara al público, por ejemplo, supongo que tendría problemas". Lo plantea como hipótesis, pero más bien parece una certeza. El racismo, a veces, también deja huella. "Andando por Bilbao un tipo con pinta de drogado me debió de confundir con una magrebí y, pensando que era una minoría más débil que él, me insultó. Puta mora, me dijo, pero pensé, bah, no merece la pena, una persona así, fíjate tú qué ignorancia también". Una ignorancia que parecen compartir la funcionaria de Bienestar Social, a pesar de sus estudios, y el marginal sin carrera.
amina
"Mi madre me ha dicho que a su casa no vaya con el velo"
Sus ojos claros y su tez blanca la delatan, aunque ella intente pasar desapercibida cubriéndose el cabello y parte del busto con un velo. "La gente se me queda mirando con cara rara, sobre todo porque no tengo rasgos de mora precisamente". Un mal menor, el de sentirse "observada", si se le compara con la incomprensión que esta bilbaina, convertida al islam hace poco menos de un año, sufre en su propia familia. "Estoy cansada de que me llamen imbécil. Como ellos no son nada creyentes, me dicen: ¿Es que no ves que no hay nada? ¿Cómo puedes ser tan tonta de creerte esas cosas? Incluso mi madre me ha dicho que a su casa no vaya con el velo".
El pañuelo de la discordia se lo empezó a poner Amina "poco a poco", al principio "sólo para ir a la mezquita". Ahora también lo utiliza cuando queda con alguna amiga musulmana o para ir a la carnicería. "La primera vez que fui con él por la calle me dio apuro. Miraba para abajo para que no me viera ningún vecino, fue un poco palo", reconoce. De hecho, aún no ha dado el paso de cubrirse la cabeza para ir a trabajar. "Soy interina, llevo tiempo en las casas y me van a empezar a preguntar. Encima la gente te ve y piensa: Pobrecita, con el pañuelo, seguro que le obliga el marido a ponérselo y yo ya soy muy mayor para dar tantas explicaciones", asegura convencida de que "no la iban a entender".
A pesar de que padece las consecuencias en sus propias carnes, Amina entiende el recelo que algunos sienten hacia los musulmanes porque "las noticias que salen de ellos no son muy buenas". "Vivir el islam en Euskadi es bastante difícil, hay que tener mucha fe, aunque comprendo que a la gente le dé un poco para atrás al principio, como le pasa a mi familia. Ven esas cosas en la tele y dicen: ¿Pero dónde te estás metiendo?".
Imán
"Tenemos casi más derechos que los hombres"
Imán tiene 18 años, un hijo en el vientre y las ideas muy claras. "La gente cree que nos tienen manipuladas, pero es el machismo y no la religión el que está poniendo a las mujeres tan abajo", aclara. De hecho, esta joven de Barakaldo dice vivir "perfectamente" con su marido marroquí. "Yo, por ejemplo, no me tengo que quedar en casa. Si quiero trabajar trabajo, si quiero tener hijos los tengo, soy totalmente libre", asevera, aunque a alguno le parezca incompatible con el velo que la cubre desde la cabeza hasta media pierna. "Tenemos casi más derechos que los hombres porque ellos están obligados a mantener a la mujer, a respetarla y no pueden casarse con más de una si la primera no da su consentimiento, aunque hay gente que es mala y lo hace", constata.
Pese a que profesa el islam desde hace dos años y medio, Imán no utilizó el pañuelo hasta el año pasado. "No quería ponerme algo sin saber por qué. Me estuve informando y, así como los hombres tienen que hacer otras cosas, nosotras debemos taparnos por Dios". Por Dios y por voluntad propia, subraya. "Lo del velo no te quita libertad, porque si una persona quiere, se lo pone, y si no, no se lo pone. Nadie va a obligarla". Como prueba de que ella se cubre por decisión personal cita a su familia. "Si ellos viesen que me pongo el velo porque alguien me está obligando, estoy segura de que no pararían hasta que me lo quitara, pero como ven que es lo que yo quiero y estoy bien ¿por qué iban a decir que no? No es ninguna pared, ni nada para taparme. Ellos ven que estoy feliz y lo respetan".
Para su desgracia, en la calle ese respeto a veces brilla por su ausencia. "No hay día que salga y no me digan algo. Yo ya paso, pero como piensan que eres extranjera siempre te van a humillar con el típico comentario de: Mira, estos vienen de allí y tienen trabajo y a mí no me lo dan o ¿por qué se tapará la cabeza con el calor que hace? También me llaman monja. Yo tampoco me meto con la gente porque lo entiendo porque yo también soy de aquí... Pienso que una oportunidad se le puede dar a cualquiera, no todo el mundo tiene por qué ser malo, que los hay…", apostilla.
A su corta edad, Imán no sólo se ha topado con la intolerancia de los desconocidos, sino también con la de sus profesores en un curso de comercio. "Me decían que no podía ir a una tienda con un pañuelo. Eso era racismo de ellos, porque poder se puede, hay ley y lo dice, otra cosa es que la gente no quiera…". Tampoco ha faltado quien le ha preguntado: "¿Cómo eres vasca y te pones pañuelo?". "¿Y tú qué dijiste?". "¿Yo?, porque me da la gana. ¿Cuánta gente hay también en África que es cristiana?", lanza al aire este interrogante para quien quiera reflexionar sobre ello.
la polémica del velo
· Educación del Gobierno vasco. En el Departamento de Educación del Gobierno vasco no tienen constancia de que actualmente haya alumnas que usen el velo islámico matriculadas en la Comunidad Autónoma Vasca, ni de que haya ningún problema al respecto. "No hay establecida ninguna normativa sobre ello. De todas formas, los centros tienen autonomía para decidir, pero nunca se ha planteado el problema", explican.
· Embajada de Irán en España. Fuentes de la Embajada de Irán en España aseguran que "la mayoría de las mujeres iraníes usan el velo como una tradición y no como una obligación". A pesar de que recientes informaciones sostienen que las iraníes que no se cubren con el pañuelo pueden llegar a ser detenidas, en dicha embajada lo niegan y subrayan que la ley que impone el uso del velo es de "hace 27 ó 28 años", por lo que no entienden "por qué se hace ahora propaganda sobre esto". |
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