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Los huelguistas se encerraron ayer durante 24 horas. Foto: zigor alkorta |
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Un mes de batalla
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La plantilla de Arkema cumple hoy un mes en huelga por la venta de una unidad de la fábrica a una multinacional finlandesa. No reclaman dinero, solo garantías de que los 13 afectados no serán despedidos.
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Ibai Cereijo
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UN mes de huelga, La plantilla de Arkema traspasa hoy el umbral psicológico de lo que se considera ya un paro de larga duración. Un total de 72 trabajadores dejaron de trabajar el pasado día de 4 de abril en protesta por la venta de una parte de la fábrica, una operación en la que están incluidos once operarios y otros dos cargos de dirección que desempeñan su labor en esa unidad.
De multinacional a multinacional. De una compañía francesa a una finlandesa, Kemira. Para aceptar el traspaso, el personal exige que se garantice el puesto de trabajo a los empleados afectados.
"No estamos pidiendo dinero, no queremos un duro más", explicó Roque Angulo, uno de los trabajadores que pasarán a la compañía recién llegada. Los huelguistas iniciaron ayer un encierro de 24 horas en un local municipal de Alonsotegi. Bajo la consigna Arkema vende obreros y cubiertos por la caja de resistencia de ELA, los operarios se han hecho oír en el último mes. Aseguran que cuentan con un sólido apoyo popular en Zaramillo, el barrio donde está ubicada la planta desde 1963.
En el Primero de Mayo, sus camisetas negras lograron una gran notoriedad en la manifestación de la central mayoritaria. Su líder, José Elorrieta, apadrinó la protesta al posar varias veces con la prenda ante los fotógrafos de la prensa y citar la huelga en Arkema como ejemplo de "organización y batalla sindical".
traspaso de activos El conflicto estalló el 22 de marzo, cuando la dirección comunicó a los empleados que había firmado un contrato para ceder a Kemira todos sus activos del negocio de tratamiento de aguas. Además de una porción de la planta de Zaramillo, la transacción incluye una factoría en el municipio sevillano de Dos Hermanas y otra en la localidad francesa de Pierre-Bénite, cerca de Lyon. Las tres fabrican materiales coagulantes, un producto empleado en las depuradoras para separar la materia orgánica del agua.
Kemira es un potente grupo internacional de la química. Sólo su división de aguas facturó el año pasado 468 millones, tiene presencia en 21 países y emplea a 2.000 personas. "Por ahí ningún problema", valora Alberto Vallés, asesor de ELA. El problema surgió días después, al negarse la empresa a pactar un marco de garantías sociolaborales para el plantel de la división vendida.
"Hizo falta estar tres semanas en huelga para que la dirección accediera a negociar", asegura Vallés, "pero exponer tus planes sin dar una oportunidad a la propuesta de la parte contraria no es negociar", sentencia.
Los huelguistas han presentado una propuesta con "un coste cero" para la compañía química. Se trata de procurar el regreso de Kemira a Arkema de los 11 operarios a través de la aplicación del contrato de relevo. Mediante ese instrumento, ocho retornarían a la empresa de origen al cabo de pocos años, mientras que los tres más veteranos alcanzarían la edad de jubilación en la firma escandinava.
Además, la unidad de coagulantes de Arkema es deficitaria y arroja unas pérdidas de unos cuatro millones de euros al año. Con los salarios que se ahorra y el alquiler de las instalaciones, la plusvalía efectiva asciende a "unos seis millones" para la multinacional gala. La resistencia que han hallado para que este plan sea aceptado y poder así zanjar el conflicto ha sembrado "confusión" en la plantilla.
atizando el miedo A principios de semana, Arkema remitió una carta a los hogares de los huelguistas para dar a conocer las ventajas de la operación. La dirección recalcó el "liderazgo" de Kemira, su "compromiso a largo plazo" de proseguir con la actividad en Zaramillo. Recordó que, en cumplimiento de la ley, la compañía finlandesa deberá respetar las condiciones de trabajo de los implicados.
En tono de advertencia, la misiva concluye apuntando los "perjuicios" que la huelga está causando y alerta del "grave deterioro de imagen" que está padeciendo.
Para los huelguistas, este mensaje trata de atizar el temor a una nueva crisis empresarial en Las Encartaciones, sembrar recelo en sus familias. Los casos de Virtisú y Reckitt aún están muy a flor de piel. "Pero no nos van a amedrentar. Tenemos a favor que nuestra reclamación es justa", indica un obrero. |
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