En 1830, las familias del Estado español destinaban más dinero a la alimentación, cerca del 70% del presupuesto familiar, y menos al capítulo reservado a otros gastos, apenas un 3,3%. Sin embargo, hoy en día, esos porcentajes han cambiado bruscamente: el gasto en la cesta de la compra se ha reducido a un escaso 20% y la familia invierte casi el 50% de sus fondos en la partida de otros gastos.
Sea como fuere, y pese a que pudiera parecer que comer ya no es una prioridad, a lo largo del pasado ejercicio los consumidores del Estado desembolsaron un total de 81.913 millones de euros en los 9.174,42 millones de kilos de alimentos que consumieron.
El análisis de los alimentos lleva a concluir que los denominados bienes de primera necesidad siguen ocupando un lugar residual en al despensa pues los productos que experimentaron un mayor incremento de cantidades compradas en el pasado ejercicio fueron: los frutos secos (9,2%), las bebidas espirituosas (6,7%), las cervezas (6,4%), el agua mineral (5%), los vinos con denominación de origen (4%) y los derivados lácteos (3%); todos ellos aptos o muy aptos para apalancarse frente al televisor o para acompañar el tentempié de reunión de amigos que han venido a ver nuestro piso nuevo. Por el contrario, los que experimentaron un mayor descenso fueron el aceite de oliva (-6,4%), las legumbres (-4%), la leche líquida (-3,7%), el pan (-3,5%) y las patatas frescas (-3,3%).
Los consumidores consultados consideran que los sectores alimenticios más innovadores son los lácteos (un 47,5%) y los platos preparados (un 34,2%), por delante de los congelados (26,5%), los dulces (15,5%), las carnes (9,1%) y los embutidos (8,1%).
Las parejas con niños, que constituyen el colectivo mayoritario (26,5% del total) y son los mejores gestores de su presupuesto, basan su alimentación en platos preparados, lácteos, bollería y agua mineral. Cuanto más pequeños son los hijos, mayor es el gasto. Estos gustos, salvo por los pasteles, son compartidos por los jubilados (21,5%), que se caracterizan por buscar los precios más bajos y preferir los alimentos tradicionales.
Las parejas adultas sin hijos (9,2% de la población) comparten las preocupaciones de los retirados, pero gastan más en carne, frutas, hortalizas, pan y refrescos. Los adultos independientes (6,6%) dedican la mayor parte de su desembolso a pescado, pan, frutas y bollos. Los jóvenes independizados (4,5%) priorizan sobre todo el ahorro de tiempo, y por ello apuestan por los preparados, la bollería, la carne y los refrescos. |