bilbao. Compagina su trabajo como director de la división teórica del instituto Max Planck para la óptica cuántica en Alemania con conferencias que sirvan para "acercar al público nuestras inquietudes". Éstas se centran en el proyecto en el que se embarcó hace diez años, el ordenador cuántico, que junto con una trayectoria forjada a caballo entre Europa y Estados Unidos le ha reportado múltiples reconocimientos.
¿En qué consiste el ordenador cuántico?
En la utilización de partículas minúsculas como átomos para construir computadoras que permitan hacer cosas impensables, desde resolver ecuaciones a fabricar aviones. No es que se muevan más o menos rápido, sino que se rigen por leyes distintas.
¿Llegará a corto plazo a la mesa de cualquier usuario?
Espero que sí, de todas formas es muy difícil hacer predicciones en estos temas porque depende de muchos factores: tecnología, obstáculos que surgen en la investigación... Además, la física cuántica se aplica en varios ámbitos y unos están más avanzados que otros, por ejemplo la criptografía, es decir, envío de mensajes secretos.
¿De qué forma se traslada esto a la vida diaria?
En las operaciones que se realizan por ordenador tipo transferencias bancarias la física cuántica permite generar ciertos métodos para que nadie pueda sabotear los datos, lo que eliminaría el 99% de las acciones de los piratas informáticos. Ya hay tres empresas que venden sistemas de criptografía cuántica en Suiza, Estados Unidos e Inglaterra, lo que pasa es que no son competitivos con los sistemas de ahora en cuanto a precio y prestaciones.
¿Por qué?
Los códigos actuales no pueden sabotearse a menos que se tenga un ordenador cuántico. Si algún día se implantara, con los cálculos tan rápidos que hace podría descifrar todos los mensajes secretos que enviamos, y es ahí donde entra la criptografía cuántica.
¿No es peligroso un crecimiento tecnológico tan vertiginoso?
En absoluto, porque se trata de avances ordenados dentro de lo imprevisible de las investigaciones.
¿Cree que la evolución de las máquinas tiene límite?
Pienso que sí, a no ser que se investigue desde una perspectiva más subjetiva y no limitándonos al tratamiento de datos.
Para usted que se ha formado en Austria, Alemania o Estados Unidos, ¿la fuga de cerebros es un problema?
Esa no es la cuestión, el problema es que no haya importación de cerebros. Que se vayan algunos puede resultar incluso bueno por ampliar conocimientos y conocer nuevas formas de trabajo, pero tenemos que convertirnos en referente mundial en ciertas áreas. Si el intercambio se produce en ambas direcciones es lo ideal. |