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La mejor copla
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Oscar Subijana
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La tonadillera más popular de los últimos tiempos está asustada, acojonada en el argot popular, por haber cambiado por una noche su millonario pisito de La Pera de Marbella por la celda de una inmunda comisaría llena de sudorosos policías. Y es que la fama tiene estas cosillas. Cuando una misma, o el marido de una misma, de condición natural Afamado Cachuli y ramplón de tresalcuarto, se dedica al considerado y muy bien visto en los garitos nocturnos de Marbella arte del robo de bata blanca -qué digo- de bata de cola, corre el peligro de terminar en los calabozos. Uno, Julián Muñoz, está pegado a los barrotes desde julio del año pasado. La otra, su partenaire, sólo ha sudado una noche sobre un mugriento catre lleno de muelles desordenados. ¡Ay, cuánto doló junto, mi arma!, se escucha detrás de las paredes de la penitenciaría. Una copla, la de Isabel y Julián, que dará tantos millones al que la componga, como a los dos personajes de papelín rosa todos sus hurtos. Eso sí. Tronío, desgarro, fuerza y tesón no les han faltado a los abogados de la Pantoja, que fueron ayer capaces de colocar sobre la mesa del juez, en apenas unas horas, los 90.000 euros de vellón exigidos para dormir en La Pera, y al calor de la familia, que es la única que nunca traiciona. En su momento, Isabel pasó por todos los programas-prepago de la televisión para deshacer su amor, para negar toda relación con esa parte mísera y ladronzuela de su pareja. Donde dije Digo, digo Diego. En el caso que nos ocupa, el amor llega teñido de color morado, aquel que en la Fábrica de Moneda y Timbre dan a los billetes de 500 euros, que haberlos haylos. Isabel llora por partida doble: porque su hombre está preso y porque todos los chanchullos en los que se había metido ella de extranjis han salido a la luz. ¡Cuánto dolor junto! |
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