La política sí interesa al ciudadano El debate televisado entre los candidatos a la presidencia de Francia fue seguido por veinte millones de televidentes lo que desmiente a quienes mantienen la teoría del desapego de los ciudadanos de la política.
el debate televisado entre Sególène Royal y Nicolas Sarkozy está siendo el acontecimiento político de la semana en Europa, por encima de la crisis que atraviesa Turquía, a una distancia sideral de las cuestiones internas del resto de los países que conforman la UE e incluso a un nivel superior de lo que significa el considerable peso específico de Francia en el concierto continental. Las razones de tal apasionamiento hay que buscarlas en la capacidad que han tenido los dos candidatos de despertar el interés de los ciudadanos hacia sus ofertas políticas. Veinte millones de franceses vieron en directo el debate durante las dos horas que se prolongó, una audiencia homologable a las que suelen disfrutar los mejores eventos deportivos, habituales reyes en el ranking de preferencias de los televidentes. El dato invita a una reflexión profunda tanto desde el punto de vista político, como desde el papel que se adjudica habitualmente a los medios de comunicación. Analizada desde la perspectiva política, la enorme audiencia del debate demuestra en primer lugar que el ciudadano medio no está tan alejado del hecho político como se suele pretender desde medios e intereses dispares. Cuando se le ofrece contenido en la discusión, alternativas para elegir y unas reglas de juego claras, el votante presta atención. Cuando vuelve la espalda es cuando se le ofrecen eslóganes vacíos y cuando las promesas electorales son eso, meros llamamientos al voto sin un sustento real en forma de programa elaborado y oferta de un auténtico sistema de organización social, sea éste de acuerdo con los postulados de la derecha o de la izquierda. En este sentido, ha sido el hecho de que la discusión entre Royal y Sarkozy sea un debate de ideas e ideología el que ha despertado el lógico interés de la ciudadanía. Analizado el debate desde el punto de vista de los medios de comunicación, ha quedado claro que el que ve la televisión no es un consumidor pasivo al que se le puede ofrecer cualquier producto. En este caso, veinte millones de franceses han trascendido de la condición de televidentes a la de ciudadanos y han seguido un programa con el fin de decidir algo tan importante como su voto. Pero los franceses no constituyen la excepción. El experimento puesto en práctica por el canal público español de someter al presidente del Gobierno primero, y al líder del principal partido de la oposición después, a las preguntas de un grupo de ciudadanos, ha obtenido el premio de unas audiencias más que significativas. Una vez visto el debate entre los candidatos a la Presidencia francesa suenan más ridículas, o algo mucho peor, esas negativas de algunos políticos de por aquí a participar en ese tipo de programas. En breve, tendremos ocasión de comprobar si han aprendido la lección y son capaces de ponerse delante de las cámaras.