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Rivas pugna en la final de Estambul. Foto: archivo |
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Un título europeo a la tercera oportunidad, el recordado precedente de los años noventa
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tras las derrotas ante smelt olimpija y benetton, el triunfo llegó en gasteiz ante el paok de salónica.
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M. GONZÁLEZ
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gasteiz. Han pasado más de diez años, pero las tres finales europeas que el Baskonia disputó en los años noventa supusieron los cimientos del edificio que con posterioridad fue construyendo el club baskonista hasta llegar a su nivel actual en el panorama continental. Fueron, como ahora, tres presencias consecutivas en una final europea, aunque en un escalón por debajo de sus actuales aspiraciones.
Fueron tres comparecencias, en Lausana, Estambul y Gasteiz, que hicieron emerger a un club como el baskonista, semidesconocido hasta entonces en el panorama continental. Con Manel Comas como entrenador y leyendas del baskonismo como Ramón Rivas o el propio Velimir Perasovic en sus filas, el camino hacia el título fue largo. Casi infinito. Eso sí, el vetusto Taugrés demostró ese carácter que, con el paso del tiempo, se ha convertido de manera justificada en su principal seña de identidad.
La final de Lausana supuso, como la de Moscú doce años después, la novedad. La irrupción baskonista en una final después de varias temporadas de presencia en las competiciones continentales. En 1994 apareció también un elemento, el éxodo de aficionados baskonistas en cada cita decisiva, que se ha terminado por convertir en clásico con el paso de los años.
Con Velimir Perasovic y Ken Bannister como máximos anotadores, el Baskonia no pudo hacer frente a la lluvia de triples que, en el conjunto esloveno, firmaron Horvat y Hauptman. Quince lanzamientos encestados entre ambos jugadores convirtieron aquella final en una infinita cuesta arriba para el conjunto gasteiztarra. Tras una primera mitad igualada, la misión se tornó imposible y el sueño del título se esfumó.
Lo hizo también al año siguiente, en Estambul, ante la Benetton. Con Petar Naumoski y Orlando Woolridge como líderes, el conjunto de Treviso volvió a apartar a los de Manel Comas, con Kenny Green como máximo anotador, de un título europeo que, como en esta oportunidad, comenzaba a merecer.
Ganar en casa El sueño sólo tardó un año en cumplirse. El comportamiento de los seguidores baskonistas en las dos citas precedentes propició que la final de 1996 se jugara en Gasteiz. Y ahí no podía escaparse la Copa de Europa.
No lo hizo. El conjunto gasteiztarra, con Ramón Rivas doctorándose ante el PAOK de Salónica y mostrando el camino a un bisoño Jorge Garbajosa, alzó por fin la Copa ante el conjunto de Prelevic y un jovencísimo Stojakovic. La imagen de Marcelo Nicola levantando el trofeo entre sollozos ha pasado a la historia, como lo hicieron aquellas tres finales de los años noventa. |
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