zumarraga. La algarabía del banquete de bodas mudó en gritos de desesperación cuando los invitados asistieron al brutal atropello de dos hombres en Zizurkil en la noche del sábado. El convite tuvo lugar al mediodía aunque, según recordaba ayer Julián, propietario del restaurante Olentzo, en el que se celebró el ágape, el festín se prolongó hasta pasadas las 22.00 horas, una vez que cesó el baile y los asistentes acabaron con el lunch que se sirvió a modo de cena ligera.
Los comensales abandonaban paulatinamente el establecimiento para tomar los autobuses dispuestos por los novios a pie de carretera. "Escuché un ruido muy fuerte, como un estallido. Pensaba que era un cohete de despedida, pero luego oía gritos y chillidos. Me acerqué y fui consciente de la tragedia. Los dos cuerpos estaban destrozados", relataba Julián. Se trataba de Alejandro Callejo, de 60 años, y Julio Torquemada, de 61, dos viejos amigos vecinos de Zumarraga.
velocidad El dueño del Olentzo cree que los dos ocupantes del vehículo involucrado en el fatal siniestro, que se dirigía a Asteasu, superaban los 100 kilómetros hora, en una larga recta limitada a 50 durante los días "festivos", según la señal de tráfico existente en el vial. "No les dio tiempo ni a frenar", apostilla Julián.
El dueño del local hostelero llegó a cruzar algunas palabras con el conductor del coche, de "unos 20 años" y que, según las pruebas de alcoholemia practicadas por la Er-tzaintza, no superaba la tasa de alcohol permitida.
"El chófer lloraba y lloraba. Decía que prefería morirse. Comentó que no había visto absolutamente a nadie delante del coche. Tras el atropello, la gente se comportó civilizadamente y no se abalanzaron sobre los dos chavales", subrayó Julián.
vergüenza El dueño del restaurante mostró su desesperación ante las condiciones de esta carretera, que no "está bien señalizada". "Es una vergüenza, está ahora como en la época de Franco. Incluso está más estrecha. No hay quien lo entienda", señaló Julián.
Añadió que desde hace algunos años existe un proyecto para construir una rotonda cerca del restaurante, aunque no se ha llegado a ejecutar. "Estoy harto de soportar estas condiciones. No es la primera vez que muere una persona por atropello en esta carretera. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así?", se lamentaba el dueño del local hostelero especializado en grandes celebraciones.
los amigos Jesús Mendiola no podía contener las lágrimas ayer cuando trataba de recordar a sus dos amigos atropellados en Zizurkil, Julio Torquemada y Alejandro Callejo. Le faltaba palabras y le sobraba tristeza para verbalizar su estado de ánimo, aunque el grato recuerdo dejado en sus vidas por las dos víctimas le empujó a evocar su perfil humano.
"Los dos eran muy queridos en el pueblo. No había nadie que hablara mal de ellos. Eran dos bellas personas", destacaba Mendiola, quien poco antes de que el sábado partieran a la boda había bromeado con Callejo sobre su elegancia, vestido con traje y corbata. No podía imaginar que aquellos serían los últimos instantes |