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Dodotis
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Juan Carlos Latxaga
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sabíamos que las condiciones de trabajo están empeorando a marchas forzadas y quien más y quien menos nos hemos permitido alguna vez el chiste fácil y de gusto dudoso a costa del tabajador proletarizado en aras del desarrollo y la competitividad, amén de la hipoteca. El diálogo social propugnado por los sindicatos deseosos de cumplir el papel que les ha asignado el sistema había devenido en esto. Precariedad, contratos leoninos y mileurismo, a cambio de desempleo técnicamente cero, subvenciones para la formación y reconocimiento por parte del establishment. Es lo que tiene la globalización: o eres competitivo, y ya sabes a lo que me refiero, o contrato a un chino para que ocupe tu puesto de trabajo por la mitad de precio y el doble de exigencia. Lo que no podíamos llegar a imaginar ni en la peor de nuestras pesadillas es lo que les ha ocurrido a las cajeras de una cadena de supermercados de Chile. Según ha denunciado el sindicato Central Unitaria de Trabajadores de aquel país, estas mujeres están obligadas, por contrato y convenio, a permanecer en su puesto de trabajo durante las nueve horas que contempla su jornada laboral de forma ininterrumpida, lo que les genera un problema fisiológico para el que no han encontrado mejor solución que el uso de pañales desechables. El hecho de que no se tengan noticias a este respecto procedentes de nuestro buque insignia de la cosa de la distribución y el cooperativismo, ni de ninguna otra gran cadena de esas que nos recuerdan a todas horas que no somos tontos, no quiere decir que nuestras esforzadas cajeras no estén del todo a salvo del uso de semejante admíniculo. Al contrario, a uno le queda la inquietante sensación de que es una mera cuestión de tiempo que los pañales sean parte del uniforme.
jclatxaga@deia.com |
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