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Thomas Dekker, en el tramo final de la crono. Foto: Afp |
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La rebelión de una nueva generación
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Cuatro de los ocho primeros de la general no superan los 23 años: Dekker, Kreuziger, Antón y Andy Schleck.
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ALAIN LAISEKA
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Bilbao. La empresa no era fácil para Igor Antón. El galdakoztarra se enfrentaba a la historia y a él mismo. Su propia confianza, un muro demasiado robusto, macizo. "Es una contrarreloj y lo tengo difícil", explicaba la víspera. Gotas de serenidad tras la euforia; mesura una vez que la adrenalina reposaba en su interior. Dormida. Había digerido su triunfo, lo había saboreado: "No me lo esperaba, por eso estoy tan contento". Apenas habían transcurrido unas horas de su victoria en la cima de Morgins ante Dekker, Horner, Gadret... Pero él mismo se descartaba para la general final del prestigioso Tour de Romandía. Le echaba para atrás la crono de poco más de 20 kilómetros que ayer cerraba la ronda suiza, las escasas diferencias entre los primeros, el tallaje de sus rivales (algunos verdaderos especialistas como Dekker, Savoldelli, Kreuziger), y su propio estado de forma, mejor del esperado para estas fechas, pero lejos aún del que se le presupone, si todo va según lo previsto, para el periodo de junio y julio, para la Euskal Bizikleta, el Dauphiné, y su primer Tour.
La historia también le rehuía, le susurraba, con un tono de rocío, de psicólogo, de diván. Y le mostraba el palmarés del Tour de Romandía; en rojo, los ciclistas vascos que han logrado subirse al podio final. Sólo cuatro: Paco Galdos (1º en 1975), Miguel Indurain (2º en 1992), Abraham Olano (1º en 1996) y Joseba Beloki (2º en 2000). La creme de la creme. Coronillas llenas de laurel. Césares vascos. Igor Antón no lo es, claro. Todavía. Pero lo será. Seguro. Si todo sigue su cauce marcará una época. Hasta el momento, en apenas dos temporadas y media, ha mostrado detalles, muchos, del gran corredor que puede llegar a ser: cuatro triunfos entre los que destaca su victoria de etapa en Calar Alto en la pasada Vuelta a España ante Vinokourov, Valverde, Sastre... Pero es mucho más, porque a cada pedalada que da salta de sus zapatillas un polvillo mágico. Es ilusión. Desbordante en Igor Antón. Vive lo que hace. Lo siente. ¡Qué suerte! Para él. Para la afición vasca.
La nueva generación Ayer el galdakoztarra partía en el segundo puesto de la general a sólo siete segundos del líder Horner y con Dekker, Savoldelli o Kashechkin pisándole los talones. Apenas media hora después de partir de la rampa de salida, se cumplía su predicción. Antón no brilló ayer en la crono, fue 41º a casi dos minutos del holandés Thomas Dekker, otro talento por curtir. El del Rabobank (22 años), se convertía en el quinto tulipán en ganar el Tour de Romandía, su segunda prueba por etapas del Pro Tour (el año pasado se adjudicó la Tirreno-Adriático), y daba otro paso hacia el Tour de Francia, donde la afición holandesa espera que reine en menos de un lustro.
Antón y Dekker, Dekker y Antón, son los ciclistas del futuro. Vasco y holandés han dirimido en Romandía el primero de sus muchos duelos y han impuesto su fogosidad a la experiencia de veteranos como Savoldelli, Horner o Evans. Pero no han sido los únicos jóvenes que han asomado. Otros dos primerizos, el checo Roman Kreuziger (21 años) y el luxemburgués Andy Schleck (hermano de Frank, de 22) se han colado también entre los ocho primeros de la general. |
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