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Siskauskas y Vujanic celebran el título ante un cariacontecido Papaloukas. Foto: afp |
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Panathinaikos 93 - CSKA Moscú 91
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El 'infierno verde' destrona al campeón
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El conjunto de Obradovic estuvo casi siempre por delante en el marcador ante un adversario que no se rindió nunca.
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Manu González
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PANATHINAIKOS (18+28+19+28) Diamantidis (15), Becirovic (6), Siskauskas (20), Dikoudis (2), Batiste (12) -cinco inicial-, Hatzivrettas (10), Alvertis, Tomasevic (16), Vujanic (12) Tsartsaris y Delk.
CSKA MOSCÚ (17+19+21+34) Holden (11), Torres (9), Langdon (16), Smodis (18), Savrasenko (4) -cinco inicial-, Papaloukas (23), Andersen (4), Van den Spiegel (6), Pashutin y Ponkrashov.
Parciales 18-17, 46-36 (descanso), 65-57 y 93-91 (final).
Árbitros Mitjana (ESP), Lamonica (ITA) y Belosevic (SRB). Eliminados Becirovic, Torres, Van den Spiegel y Langdon. Señalaron técnica a Smodis y Diamantidis.
Incidencias 18.363 espectadores vieron la final de la Euroliga 2006-07 en el OAKA.
gasteiz. El 'infierno verde' destrona al campeón. El Panathinaikos logró su cuarta Euroliga en una vibrante e intensa final ante un CSKA de Moscú que plantó cara hasta los últimos instantes para defender el título conseguido en Praga. El conjunto de Zeljko Obradovic volvió a lo más alto del baloncesto continental, después de cinco temporadas, en un partido que pasará a la historia de este deporte.
Si las semifinales habían venido marcadas por la intensidad defensiva y la racanería en ataque, lo de ayer fue baloncesto total. Dos grandes plantillas, las dos mejores de Europa sin duda, ofrecieron un espectáculo grandioso en la cancha del OAKA. Aunque los locales siempre fueron un paso por detrás de su adversario, el conjunto de Ettore Messina nunca le perdió la cara al encuentro y brindó un duelo digno de estar en la videoteca más selecta de cualquier aficionado.
Fue un choque de múltiples matices y variados protagonistas. El primero de ellos fue Dimitris Diamantidis, a la sazón MVP del partido. El base del conjunto heleno, pese a estar ausente durante muchos minutos como consecuencia de las faltas personales, tuvo un apasionante duelo con Theodoros Papaloukas, su compañero en la selección helena, que no pudo ser ayer profeta en su tierra. El mejor jugador de la competición no pudo con Diamantidis y, aunque realizó un excelente partido, en esta ocasión no pudo rubricarlo con el título, tal y como había hecho un año antes ante el Maccabi de Tel Aviv.
El todopoderoso conjunto heleno comenzó mandando en el marcador, llevado en volandas por sus seguidores, ante un adversario que no se rindió jamás. Ettore Messina optó pronto por dar entrada a Papaloukas, ya que Diamantidis había comenzado imponiendo el ritmo del partido. Lo que vino después fue un homenaje al buen baloncesto, con un equipo siempre por delante en el marcador y su oponente apelando al carácter del campeón, ese que le ha faltado al Baskonia desde que se bajó del avión, para no renunciar nunca a su segundo título seguido.
Así las cosas, el CSKA quiso mantenerse vivo con la aportación de Smodis y Papaloukas en los dos primeros cuartos. No parecía un argumentos demasiado grande para un partido como el de ayer, y su rival lo aprovechó para irse por encima de los diez puntos ya antes del descanso. Especial importancia tuvo el partido realizado por el lituano Ramunas Siskauskas. En un conjunto como el ateniense, en el que las rotaciones son constantes, el báltico estuvo casi 37 minutos en pista, puso en jaque de manera constante a sus rivales y sacó petróleo de las once faltas que sus pares cometieron sobre él.
Como lo hizo el resto de sus compañeros. 38 de los puntos anotados por el conjunto de Obradovic salieron desde la línea de personal, con ocho errores en todo el encuentro. El CSKA parecía enfrentarse a un constante ejercicio de impotencia y, tras una doble técnica a Smodis y Diamanditis después de enzarzarse antes del ecuador, encaró el descanso diez puntos por debajo.
Tras el obligado paso por vestuarios, la decoración cambió. La defensa de Messina mantuvo a los locales siete minutos sin anotar ni una sola canasta en juego, y el equipo moscovita lo aprovechó para voltear la situación y ponerse por delante. La alegría duró en el bando visitante hasta la reaparición de Diamantidis. Una asistencia suya al ex baskonista Tomasevic y un triple posterior devolvieron la eficacia anotadora y la ventaja al conjunto local. A partir de ahí, la infinita sucesión de tiros libres devolvió ocho puntos de margen a los locales antes del último cuarto.
Máxima tensión El partido de ayer no sólo tuvo calidad en el juego. La tensión en momentos puntuales devolvió la memoria a las canchas griegas en los años 80. Papaloukas, auténtico maestro en gestionar ese tipo de situaciones, sacó una falta antideportiva a Becirovic, que le devolvió una provocación con un toque en sus partes nobles. Poco después, Smodis perdió los papeles y truncó de raíz el enésimo intento de reacción de su equipo con una innecesaria antideportiva sobre el exterior esloveno del Panathinaikos.
Lejos de tirar la toalla, los rusos volvieron a levantarse y trataron de llegar con opciones a los minutos finales. La reaparición en cancha de Batiste, con menos presencia de la habitual gracias al gran partido de Dejan Tomasevic, desató la locura en el OAKA. Los dos pívots pusieron la renta de nuevo por encima de los diez, pero el púgil moscovita se resistió a darse por vencido. Pese a la tardía aparición de Langdon, los helenos supieron mantener la calma y llevarse el título. |
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