HUELVA. Se festejaba ayer el Día de la Madre, y lo fue, el de una madre muy generosa y caritativa, la Amatxu de Begoña, pues el punto que rescató ayer el Athletic de su naufragio en el Nuevo Colombino se explica mejor desde la óptica de la fe y de la religión, desde los santos, los milagros y las apariciones, que desde un análisis futbolístico. Que los leones, en un partido infumable, sumaran un punto no fue lo más increíble del asunto. Lo que nadie se explica aún es cómo Aranzubia dejó su puerta a cero, cuando el Recreativo de Huelva, que pareció el Milan, generó hasta diez ocasiones de gol, de todas las clases y colores: de cerca, de lejos, contraataques, mano a mano, de córner, de falta... El Athletic naufragó con estrépito, y sólo la gran intervención de su portero, los postes y una enorme dosis de fortuna evitaron un desastre histórico, pero no el tremendo repaso de un Recre que pudo haber ganado por goleada.
Nada de nada Quizás influyera el hecho de que el Recreativo sólo necesitase 50 segundos para generar su primera gran ocasión, un mano a mano de Sinama con Aranzubia que solventó Dani. Quizás aquel tremendo susto fuese demasiado para un equipo tan escaso de confianza y autoestima. Es cierto que replicaron los leones con una llegada por banda derecha de Aduriz que Gabilondo no pudo rematar, pero no es menos verdad que esa acción fue todo el bagaje ofensivo en 85 minutos de un Athletic que si no empezó a pedir la hora a los diez minutos fue simplemente por vergüenza torera, pues lo pasaron mal, fatal, los de Mané.
Que el Recreativo es hoy mucho mejor equipo que el Athletic lo dice la clasificación, también los niños de cinco años. Sin embargo, la diferencia entre el juego de unos y otros fue ayer apabullante. Al ver el repaso que les dieron los onubenses a los leones se explicó más de uno por qué los aficionados locales miraban por encima del hombro a los hinchas rojiblancos, con ese punto de chulería y de superioridad con que el grande contempla al chico. Y hoy, por mucho que duela, está claro quién es quién futbolísticamente hablando, claro, que no siempre ha sido así. Lo sabe Mané, y por eso planteó una batalla física y aérea, tratando de que el balón estuviera el menor tiempo posible sobre el piso. Pero ni siquiera estuvo acertado el Athletic en esa faceta, la del pelotazo y tentetieso, que tantos réditos le ha dado otras veces. Y eso que Urzaiz y Aduriz ganaron muchos balones, pero ni se coordinaron entre ellos ni acudieron en su auxilio los centrocampistas, que se arrugaron ante la superioridad numérica, técnica y táctica de los medios locales. Y como el de Balmaseda no había dispuesto ayer un Plan B, una alternativa al pelotazo, pues pasó lo que pasó, que el Recre dominó a su antojo el partido, siempre y en todo lugar, pero sobre todo en el centro del campo, en el que naufragaban Javi Martínez, Gabilondo e Iraola, recayendo todo el trabajo en Murillo. Ander no sólo tuvo que destruir, que lo hizo con decoro, también le tocó construir, y eso no es lo suyo. ¿Consecuencia? El balón le duraba al Athletic lo que un caramelo a la puerta de un colegio, o menos.
Ocasiones locales El conjunto onubense gozaba de posesiones larguísimas que se traducían, gracias a la movilidad de Uche, de Sinama, de Cazorla y de Juanma, en llegadas peligrosas. En el minuto 11, Uche rompió a Sarriegi por la derecha y puso un centro que Sinama, solo en el punto de penalti, estrelló en el larguero. Tan superior era el conjunto andaluz, tan a su antojo manejaba el partido, que se permitió el lujo de buscar el gol de todas las maneras posibles, pues también lo acarició en una jugada de estrategia (córner que acabó con disparo de Cazorla que rozó el palo derecho) y en un disparo lejano de Barber que besó la escuadra.
No había noticias de un Athletic cuyo repertorio se limitaba al balón en largo de Aranzubia en busca de Urzaiz y Aduriz. Con decir que el primer disparo de los bilbainos llegó en el minuto 25, que lo firmó Murillo y que salió más cerca del banderín de córner que de la portería de López Vallejo queda casi todo dicho. No hizo una sola parada el navarro en todo el partido, pues nadie le puso a prueba. Ningún disparo se dirigió entre sus tres palos. Mané se desgañitaba, pero el Athletic, mal colocado y en inferioridad numérica en el centro del campo, llegaba mal y tarde a todos los balones. En muchos lances no les quedó a los leones más recurso que la patada. Una de ellas, lanzada por Murillo, impidió que Sinama encarara a Aranzubia en el último minuto del primer tiempo. Gracias a esa falta, el Athletic llegaba con empate a cero al descanso. Un pequeño milagro.
La misma historia Nada cambió tras el descanso, pues minuto y medio le volvió a bastar a Sinama para encarar a Aranzubia, cuya salida sí logró superar Cazorla en el minuto 50, pero por allí apareció Iraola, milagroso y providencial, para sacar sobre la misma raya un balón que era gol. Seis minutos más tarde, de nuevo Aranzubia sacaba una mano prodigiosa a cabezazo de Uche para evitar el primer gol local, un tanto que todo el Nuevo Colombino veía venir, incluidos los mil valientes y sufridos hinchas rojiblancos, incluido también Mané, que a los diez minutos quitó a Urzaiz y metió a Ustaritz para achicar agua de una nave que se iba a pique, para armar una defensa de cinco y con ella tratar de evitar que se consumara el naufragio. Agradeció el equipo la salida del central vizcaino, hasta el punto de que el Athletic vivió sus diez minutos más plácidos. Pero fue entonces la desgracia la que visitó a los leones. O la injusticia, pues fue muy rigurosa la tarjeta roja que Rubinos Pérez mostró a Amorebieta para dejar al Athletic con diez, dejando sin argumentos a los muchos aficionados locales que ubicaban en los favores arbitrales la razón por la que los leones aún mantenían la puerta a cero.
AGONía y ocasión La inferioridad numérica reforzó el perfil defensivo, sufridor y agonísito del Athletic, y dio un segundo aire al Recre, que firmó mil llegadas al área rojiblanca y otro puñado de ocasiones. Aranzubia estuvo providencial a disparo a bocajarro de Uche, y el larguero despejó un trallazo de Rosu. Se jugaba ya en un único sentido, el que señalaba la portería de Aranzubia. Los leones se limitaban a achicar agua y a apagar todos los incendios, muchísimos, que se declaraban en su área. Jugaban ya Llorente y Yeste, que se sacó de la chistera una acción que Gabilondo, minuto 89 y 45 segundos, resolvió fatal cuando podía haber fusilado a Vallejo o asistir a Llorente. Tuvo el Athletic el 0-1, pero los poderes de la Amatxu de Begoña tienen un límite, y los chicos de Mané lo habían excedido con creces. ¿O no es también milagroso que el descenso esté hoy más lejos que ayer? |