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Ivan Basso acosado por una nube de periodistas antes de dar comienzo a su comparecencia en un hotel de Milán. Foto: Efe |
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Delito moral
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"Cumpliré la sanción y volveré a correr", aseguró el corredor italiano en una multitudinaria comparecencia.
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DPA
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Bilbao. Vísperas de mucho, días de nada. O de poco. Menos de lo esperado. La comparecencia de Basso ante decenas de periodistas en un céntrico hotel de Milán no sació a los más ávidos de sangre. Nunca mejor dicho. Los sedientos, los que esperaban que el ciclista italiano entonase un mea culpa que abriese la puerta a una nueva era antidopaje ("Basso confiesa, el ciclismo tiembla", tituló ayer el rotativo italiano Tuttosport) después de que el lunes admitiera ante la Comisión Antidopaje del CONI su "responsabilidad" en la trama de la Operación Puerto, no vieron colmadas sus ansias. En la caja de los truenos de Basso faltaba ruido: los truenos. El italiano, según manifestó ayer, ni se dopó nunca ni piensa colaborar con las autoridades delatando a compañeros. Su único delito, entonces, fue moral: "Admito haber intentado doparme y estoy preparado para pagar el precio".
"Nunca tomé sustancias dopantes y nunca me hice autotransfusiones", aseguró Basso para afirmar después que lo único que hizo fue "intentar" consumir sustancias prohibidas antes de ser de la partida en el pasado Tour de Francia, pero que nunca lo hizo porque las siete bolsas de sangre halladas en Madrid por la Guardia Civil bajo el nombre de Birillo estaban preparadas para ser utilizadas en la Grande Boucle que nunca llegó a correr.
"Admito haber intentado doparme, fue un momento de debilidad y estoy preparado para pagar el precio. Pero siempre que gané lo hice limpiamente y tengo previsto volver para hacer el trabajo que amo, correr en bicicleta, una vez haya cumplido mi sanción", añadió Basso.
Dos años de sanción El ganador del Giro de Italia de 2006 podría ser suspendido durante dos años por su implicación en la llamada Operación Puerto. La tentativa de dopaje no perpetrada (la línea defensiva a la que se agarra Basso para esquivar a la Justicia ordinaria italiana) está contemplada en el artículo 2.2 del código de la AMA, donde se hace referencia a la infracción que supone tanto el uso como la tentativa de valerse de una sustancia prohibida para mejorar el rendimiento. En ese caso, la sanción es siempre la misma: dos años. El código de la AMA, sin embargo, sí contempla una sanción más ligera si con su colaboración el acusado ayuda a destapar una infracción cometida por otra persona.
Es posibilidad fue negada por el propio Basso, quien desmintió que esté dispuesto a colaborar con las autoridades para esclarecer el caso y lograr suavizar su pena. "Escuché muchas cosas sobre componendas y cooperación. Sólo admití mi responsabilidad personal. Yo no conozco a los otros ciclistas involucrados", advirtió.
Pese a todo, el caso Basso podría potenciar la creación de una regla para "testigos estrella" en los procesos antidopaje en el ciclismo. La AMA prevé ya una práctica similar en el artículo 11.6 de su código.
La Justicia italiana obtuvo ya buenos resultados con ese modelo en la lucha contra la mafia. Sin embargo, se adivina ya una pelea entre la Federación Italiana, la Unión Ciclista Internacional (UCI) y la AMA.
Al parecer los italianos incitaron a hablar a Basso bajo promesa de lograr suavizar las sanciones, de manera que el ciclista podría incluso participar ya en otoño de 2008 en el Mundial a disputarse en su región de origen, en Varese. El presidente de la UCI, Pat McQuaid, sin embargo, advirtió ya el lunes que en caso de dopaje o de intento de dopaje se aplican las reglas de la AMA. "Es decir, dos años son dos años", dijo. De esa forma, Basso no podría volver a competir hasta 2009.
El CONI tuvo obviamente más éxito con Basso que con su compatriota Marco Pantani, muerto en febrero de 2004 de una sobredosis de cocaína. Entonces, el ídolo italiano también tenía que declarar para librarse de las presiones de la lucha antidopaje, pero Pantani se negó.
"Espero que los ciclistas hayan entendido que se acaba una época", dijo el ex campeón del mundo Francesco Moser, en referencia a una "cultura del dopaje". |
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