FICHA TÉCNICA Die Zauberflötte: Opera Berri- ABAO. I
ntérpretes solistas: José Luis Sola (Tamino); Soriana Milazzo (Pamina); Gladis Rossi (Reina de la Noche); Nikolai Didenko (Sarastro); Rodion Pogossov (Papageno); Itziar Fdez. de Unda (Papagena).
Resto del elenco: los mismos que en la primera función. Euskalduna. 6-V-07.
LA función de La Flauta Mágica pertenecíente al ciclo Opera Berri y celebrada el domingo en el Euskalduna fue interpretada por un segundo reparto, en el que seis cantantes sustituyeron a los del primero en los papeles principales. De ellos, el pamplonés José Luis Sola ganó las mayores ovaciones de un público entusiasmado por él y por esta segunda representación de la ópera mozartiana.
El tenor navarro (quien también había participado en Diálogos de Carmelitas, la anterior ópera de la temporada abaística) fue Tamino, bello y exigente rol protagonístico y el más extenso del reparto. José Luis Sola impone claridad y consistencia a cada momento, tanto como solista como en escenas compartidas. Sin embargo, parece ser que el intenso hervor personal le conduce en ciertos pasajes a una expresión con rasgos y toques de fraseo un tanto románticos. Una mayor contención pasional podría encaminarle hacia un estilo mozartiano de mayor pureza, sin que pierda vitalidad por ello. Pero hay que reconocer el gran nivel de su actuación, en la que su hacer teatral y hasta su parte hablada en alemán completaron una valiosa realización musical.
La Pamina de Doriana Milazzo se comportó con corrección y con seguridad, si bien su valor reside más en la buena concordancia con el resto de cantantes que en sus arias, de las que algunas no alcanzaron mucho valor expresivo. El ruso Rodion Pogossov es un Papageno de muy rica caracterización, lleno de humanismo, tanto musical como escénicamente. La soprano Gladys Rossi, aunque en algún que otro pasaje camine con dudosa afinación, muestra a veces un atrayente brillo sonoro en su Reina de la Noche, si bien se precisa mayor seguridad en la cumbre aguda. El Sarastro de Nikolai Didenko, aunque no posea la amplitud armónica del de Kwangchul Youn, aparece con un noble acento y con no grande pero sí fija sonoridad en la zona más grave.
Finalmente, la bilbaina Itziar Fdez. de Unda encarnó a Papagena, papel breve, eso sí, pero al que esta soprano dotó de una virtud humorística muy propia, tanto en el tramo hablado como en el buen canto.