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Mikel Anton, detrás de una bandera de Europa. Foto: asier bastida |
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"Quizá sea posible una Europa mejor, pero la que tenemos no está mal"
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Mikel Anton Director de asuntos Europeo del Gobierno Vasco
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IGOR CAMAÑO
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gasteiz. Euskadi lleva veinte años presente en el concierto europeo, no con tantas competencias como requiere y desearía. Mikel Anton, director de Asuntos Europeos del Gobierno vasco, ofrece una visión, desde Euskadi de esa compleja realidad que es la construcción europea. Anton confirma lo que Schuman ya advirtió en su día: que Europa no sería cosa de un día.
¿Los vascos sienten el Día de Europa como suyo? ¿Deberían?
Creo que ni los vascos ni ningún otro pueblo tiene ese sentimiento de apego. Quizá a largo plazo sí, pero no hoy. Europa es una parte de una identidad plural. Somos vascos y también europeos. Nadie pretende que Europa sea nuestra primera identificación. Somos lo que somos.
¿Que aporta Euskadi a la Europa de hoy? ¿Cuál es su sitio?
Euskadi es una parte de Europa. La Unión Europea está compuesta por Estados miembros y nosotros no somos un Estado, sino parte de uno. Sin embargo, Europa es una construcción de las personas, de los pueblos y de las naciones. Euskadi tiene una vocación política especial: es una comunidad histórica y con aspiraciones. Tenemos nuestro grano de arena que aportar y estamos comprometidos con la Europa que estamos construyendo entre todos.
Y Euskadi, ¿es escuchada?
Siempre tratamos de hacer nuestras contribuciones: a veces a través del Estado español, a veces mediante escritos directos a la propia Comisión Europea, al Consejo... Desgraciadamente, no tenemos una silla en el Consejo de Ministros ni en otras instituciones. Eso lo sustituimos por una política de lobbys, de trabajar paso a paso, de no cejar nunca para que nuestras posiciones sean tenidas en cuenta a la hora de tomar decisiones.
¿A qué nivel de representación se puede aspirar a medio plazo?
Lo ideal sería que pudiéramos defender nuestros intereses directamente en aquellas materias en las que tenemos competencias compartidas y, sobre todo, exclusivas.
Gremios como el de los arrantzales no están muy contentos, por no decir lo contrario, de la representación que tienen, esto es, del Gobierno español.
El reino de España defiende los intereses estatales y, tradicionalmente, no ha demostrado una gran sensibilidad hacia las comunidades autónomas, ni siquiera hacia las comunidades autónomas históricas. Superar esos lastres cuesta. Las desavenencias, como en el sector pesquero, tienen mucho que ver con la falta de cultura participativa que hemos sufrido del Estado.
¿La cercanía no debería ser un valor añadido en política, un argumento a favor de Euskadi?
Desde luego. La Unión Europea no pone ningún problema para admitir la participación de entes subestatales. España ha articulado un mecanismo limitado de participación hace sólo tres años. Y es parcial: en cuatro de los diez consejos de ministros existentes. No es la UE la que pone trabas. Si es difícil ponerse de acuerdo entre 27 Estados miembros, lo sería más con regiones incluidas. Claro. Pero así la ciudadanía se sentiría más identificada con ese proyecto. Que haya problemas u obstáculos no significa que debamos abandonar ese empeño. La cercanía es un bien y legitima más las políticas de la UE.
¿Cederá competencias el Estado?
Desgraciadamente, a día de hoy no se adivina una apertura inmediata.
Hablando de fiscalidad. ¿La UE admite las especificidades vascas?
Distinguiría, por una parte, que haya determinados expedientes abiertos, como impuestos de sociedades o las vacaciones fiscales, y, por otra, el futuro como tal del Concierto Económico. Hemos vivido durante muchos años con la incertidumbre de saber si sería reconocido por la UE o si sería compatible con el ordenamiento jurídico comunitario, sobre todo si son o no ayudas de Estado. Con la sentencia que a finales del año 2006 dictó el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas en el caso de las islas Azores, en la que entiende que unas normas fiscales no estatales pueden ser compatibles, consideramos que el Concierto quedaría salvado.
¿Y cómo se tomaría la autodeterminación la UE?
Una de sus virtudes es que ocurra lo que ocurra dentro de los propios Estados miembros, de los movimientos de secesión que se hayan iniciado, como la reunificación alemana, Chequia y Eslovaquia, o de los que se vayan a iniciar, como pudiera ser Escocia, la propia UE podría hacer de marco de estabilidad para que esas eventuales realidades políticas tengan un marco de actuación. Podría ser incluso garante de estabilidad y de un procedimiento pacífico, de democracia.
¿Cómo se ve desde Euskadi la posible integración de Turquía?
Es uno de los temas más complicados. De la respuesta que se le dé dependerá la configuración de Europa que estamos haciendo. Hoy por hoy, no cumple los criterios para entrar, pero puede que en un futuro sí. Entonces será el momento de planteárselo. En este momento, hay que evitar respuestas tajantes. Lo que para mí es incontestable es que ningún país debería entrar en la UE si realmente la opinión pública fuera contraria; sería una fuente de problemas.
Turquía solicitó su inclusión en Europa en 1963. ¿No va Europa muy despacio?
No creo que vaya lenta. Han ocurrido muchas cosas, sobre todo tras la caída del muro. Evidentemente, a Turquía no se le pueden dar largas constantemente. Algún día habrá que decirle sí o no.
¿Llegará algún día en que alguien también deberá decir sí o no a Euskadi?
Lo que tendríamos que preguntarnos es el coste de la no Europa: viajar a Iparralde significaría usar pesetas, francos y pasaporte, Quizá una Europa mejor sea posible, aunque la que tenemos ahora tampoco está mal. Como decía Schuman, poco a poco.
Por cierto, ¿cómo ven los otros europeos a los vascos?
La imagen ha estado mediatizada por la violencia y las campañas mediáticas que se han hecho en torno a ella. En general la imagen del vasco es de modernidad, innovación, de revolución urbanística y con mucho recorrido. |
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