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Esperanza nacionalista en la UE Bilbao también participa en las celebraciones
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Las formaciones nacionalistas vascas encuentran en el proceso de integración política de la UE una forma de difuminar la dimensión estatal que obligue en un futuro a reformular los ámbitos de decisión y el marco de relaciones actual.
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A. Artetxe
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Unión Europea. Dos palabras que encierran un sinfín de interpretaciones. Quizá la más prosaica sea la que se centra en su dimensión económica, en su concepción como un espacio de juego económico, un mercado y una moneda común. Quizá la más idealista, la perspectiva que nace de las naciones sin Estado que se integran en ella, como Euskadi. Una mirada que encuentra en el proceso de integración política una forma de difuminar las fronteras impuestas y la dimensión estatal, que obligará en el futuro a reformular también los ámbitos de decisión y el marco de relaciones con el entorno existente en la actualidad.
Precisamente, el nacionalismo vasco mayoritario ve en esa integración política la oportunidad de solventar los conflictos nacionales generados por las fronteras arbitrarias marcadas por los Estados-nación o las contiendas habidas entre ellos. Unos conflictos que, no debe olvidarse, han sido origen de guerras incluso en la historia reciente del continente.
Con este punto de partida, se interpreta también que la cesión de competencias ligadas al propio concepto de Estado-nación que realizan estos últimos a la UE favorece la posibilidad de un futuro nuevo marco. El caso más evidente de la cesión de competencias es el económico, un ámbito en el que ya existe una estructura de decisión que transciende a los Estados y que arrancó con la unión aduanera y ha continuado con la política de competencia europea o la moneda única. Indudablemente, los Estados se han integrado en una estructura superior y "la construcción de Europa ha ido relativizando el concepto de soberanía", según apuntaba el presidente del Euzkadi Buru Batzar del PNV, Josu Jon Imaz, en una conferencia ofrecida en el marco del 50 aniversario del Tratado de Roma.
El propio devenir histórico también coadyuva en este sentido, puesto que el proceso de globalización abierto en la nueva sociedad de la información o del conocimiento está erosionando y transformando al Estado.
Pero, aún así, la actual estructura de la Unión Europea mantiene su marcado componente estatal, por lo que los ojos nacionalistas están puestos en el medio y largo plazo.
a futuro En esa mirada al futuro, los escenarios que marcan los expertos que debaten la cuestión son muy variados y ni siquiera se descarta la posibilidad de que se produzca una reestatalización que dé al traste con la UE entendida como un proyecto federal. En cualquier caso, otro de los escenarios posibles que estos mismos expertos, más concretamente el grupo Tindemans, contemplan como más probable coincidiría con la aspiración histórica del federalismo europeo y, por extensión, de los nacionalistas, puesto que contribuiría a crear ese espacio de oportunidad.
Dicho escenario contempla la existencia de un sistema legislativo bicameral formado por el Parlamento Europeo y por el Consejo, en el que una de las cámaras representaría a los ciudadanos y otra a los Estados miembros, y que tendría una Comisión constituida en Gobierno de la UE, así como un Tribunal de Competencias. En esta posible coyuntura, además, se establecería una Constitución europea -no un tratado constitucional, como el que ahora se encuentra bloqueado- con un catálogo de competencias, una ordenación del sistema de fuentes y la necesidad de una ratificación mixta a través del Parlamento Europeo y las entidades miembro.
Depare el futuro lo que depare, lo cierto es que desde una consideración dinámica y evolutiva del proceso de construcción europea, los federalistas, entre los que se cuenta el Partido Demócrata Europeo -del que es miembro fundador el PNV- mantienen su apuesta por seguir con la integración política.
La razón es sencilla. "Puede ser una hipótesis de trabajo razonable pensar que en un plazo de quince o veinte años la Unión Europea va a tener extensas, si no plenas, competencias en seguridad y defensa, en política monetaria, en ámbito exterior -comercial, aduanas y política exterior-, política de competencia y mercado interior, así como un espacio policial y judicial común", explicaba Imaz en la mencionada conferencia. A ello, apuntaba también al señalar que "deberíamos añadir una dilución real de las fronteras, una disminución del carácter estatal clásico y un esquema institucional marcado por la existencia de un poder político real y un esquema bicameral que conjuga los componentes de ciudadanía y territorialidad".
A juicio de Imaz, esa pérdida de la dimensión estatal traerá consigo consecuencias positivas en lo que a la democracia, transparencia, eficacia y profundización hacia una unión política se refiere. "Para Euskadi también supone un reto de una dimensión enorme, en la medida en la que la dilución de la estatalidad abre puertas a la consecución de obtener para la nación vasca un espacio superador de conflictos anteriores. Sin olvidar las perspectivas que la cooperación transfronteriza en un espacio abierto pueden y deben tener para el acercamiento de la Euskadi peninsular y la Euskadi continental", concluía. |
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