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las jabatas del Athletic gozaron el jueves del homenaje de la multitud, del abrazo de las autoridades y, supongo, se bebieron el agua de los floreros de la Diputación y el Ayuntamiento. Todo muy hermoso, cálido y emocionante pero, como cantaba el guaperas, no es lo mismo. Tenían que haber hecho, amén del terrestre, el paseo marítimo y el fluvial. Lo piden muchas mujeres y yo, que meo de pie, sin duda me apunto. Porque para apoyar una reivindicación justa no importa un ardite ser Eva, Adán o la Pantoja de Puerto Rico. En el Libro de la joven el Doctor Carnot aconsejaba a las hembras de 1961 el sudor doméstico porque "trabajar en las cosas de la casa es también un excelente medio de educación física: fregar el piso, lustrar los muebles, limpiar los cristales, frotar las cacerolas, etcétera son ejercicios muy sanos". Dos décadas antes la Sección Femenina alentaba el "deporte en la intimidad": el ciclismo con la máquina de coser, la natación al pasar un paño al suelo, el patinaje con un trapo bajo las pantuflas, el tenis quitando el polvo a las alfombras a raquetazos, el golf con la escoba, y en ese plan. Sé que quienes se oponen a la gabarra femenina no piensan de tal modo paleolítico. Mas tampoco me convencen sus argumentos coyunturales. La posibilidad de que, por falta de público, todo quede en un acto gélido y mortecino no es suficiente razón. Yo desde aquí lanzo una idea báquica y compensatoria: que la Aste Nagusia se inicie con las leonas subiendo la Ría hasta el Arenal. Se lo merecen ellas y nosotros también. Y se lo merece, admítanme la cuña, mi simpática sobrina Leire, que regatea como Dani y sueña con ver a sus héroes en la gabarra. Marijaia, otra que nació ayer y es tradición milenaria, se pondría muy tierna. Y hasta la Amatxu de Begoña cantaría. Si el machismo rampante no quiere taza, toma ya taza y media y katxi doble. Pásalo. |