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Mesa de redacción
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Garbi y Sarkozy
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Mikel Ayuso
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MI vecina, Garbi, lleva ya un par de semanas casi sin tiempo libre por sus numerosas visitas a varias agencias de viajes. Ilusionada y estresada, me cuenta que este año tiene intención de conocer, con su compañero y su hija, la isla de Malta. No le he dicho nada, pero me ha hecho sonreír la coincidencia. Porque buena se ha armado en Francia con las vacaciones (iba a escribir de Monsieur Hulot, pero nada más lejos) de Nicolas Sarkozy, el recién elegido presidente galo. Junto a varios miembros de su familia ha disfrutado a bordo de un yate de 60 metros de eslora en aguas de ese archipiélago, adonde habían llegado en un avión privado. Ambos, embarcación y aeronave, le habían sido cedidos por el empresario Vicent Bolloré, una de las principales fortunas de Francia. Sarkozy ha proclamado que él no ha hecho nada por lo que deba excusarse, alegando que sus vacaciones no han costado ni un euro al erario público. No he podido evitar pensar en Garbi. Bien a gusto hubiera aceptado ella tal invitación para ese viaje lúdico, pero ningún empresario ha tenido la deferencia. Curioso ese empeño de algunas personas adineradas por ceder sus lujosas posesiones sólo a personas influyentes, a aquellos que tienen en sus manos parcelas de poder. Quizás el nuevo presidente francés debiera pensar en por qué ha sido él el elegido y no una de las millones de garbis que en Europa habitan. No espero que escuche mi consejo. No en vano es ese muy conservador político quien está empeñado en cargarse todas las herencias recibidas del mayo del 68. Claro que teniendo en cuenta que una de las reivindicaciones de aquel movimiento originariamente estudiantil era la ética en la política, no es de extrañar que Sarkozy prefiera terminar con aquellas doctrinas a finiquitar sus vacaciones.
mayuso@deia.com |
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