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Rafa Nadal celebra de forma efusiva su victoria sobre el ruso Nikolay Davydenko. Foto: afp |
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Nadal presume de superar el récord de McEnroe
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eleva a 76 los éxitos consecutivos en tierra batida. El mallorquín sufrió ante Davydenko para meterse en la final, donde se medirá al chileno González.
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Lorenzo Martínez
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roma. El mallorquín Rafael Nadal, tras imponerse en un durísimo partido al ruso Nikolay Davydenko (n.4), por 7-6 (3), 6-7 (8) y 6-4, en 3 horas y 38 minutos, se clasificó ayer por tercera vez consecutiva para la final del Masters Series de Roma, donde se medirá con el chileno Fernando González.
Nadal, además, sumó su 76 victoria seguida sobre tierra batida, que le supone batir el récord consecutivo sobre cualquier superficie, que ostentaba el estadounidense John McEnroe con 75 (septiembre 1983-abril 1985), aunque ellas se lograron en sala, bien sobre superficie sintética o dura.
Nadal, que no perdía sobre tierra batida un set desde la eliminatoria ante Italia de Copa Davis en Santander (septiembre 2006), precisó de tres duros parciales y de romper ocho veces el saque del rival (él cedió siete), de sufrir de lo lindo ante un Davydenko en su mejor día y que llevó el mando con sus golpes muy ajustados a las líneas.
El de Manacor, tras ganar el primer en el juego decisivo, tuvo la ocasión en el segundo de servir (5-3) para hacerse con el partido. No lo consiguió y se fue al tercer set, precisando Davydenko de una sexta bola para ello.
Se iba al definitivo set con un Davydenko aparentemente más entero y centrado. Y, con 5-4, esta vez Nadal no falló sirviendo y se hizo con un durísimo y sufrido partido. Tanto que tras ver como la bola final de Davydenko se iba fuera se tiró al suelo de alegría. Era consciente de que había ganado un partido que tuvo cerca de perder.
último escollo Ahora intentará frenarlo Fernando González, que jugó un partido perfecto y aniquiló sin piedad las ilusiones italianas puestas en Filippo Volandri, al que derrotó por un contundente 6-1 y 6-2, en 1 hora y 7 minutos de juego.
Un marcador que refleja justamente lo acontecido sobre la pista, donde sólo existió el juego del chileno, que con la potencia de sus golpes desarboló a un Volandri (vencedor a sorpresa en octavos de Federer) que no pudo coger más el ritmo. Bajó a la tierra al livornés. |
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