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Mesa de redacción
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Ni a la segunda
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Enrique Santarén
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es habitual que algunas personas suspiren por una segunda oportunidad, sobre todo tras comprobar que una decisión ha sido errónea. Como esos anuncios de la DGT en los que alguien sufre un terrorífico accidente de tráfico por un descuido o por exceso de velocidad y de pronto las imágenes "avanzan" hacia atrás (bonito oxímoron) y permiten al imprudente conductor salvar la vida. Una segunda oportunidad siempre vendría bien. En Bilbao, más de uno, sobre todo viendo la actual situación del Athletic, se ha acordado de Valverde, ese entrenador que triunfa por Europa, y habría querido que no se le hubiese dejado marchar. El propio Txingurri daría algo importante por darle a la moviola y cambiar la tanda de penaltis que le ha impedido pasar a la historia. Anda de moda ahora el 'second life', algo así como una 'segunda vida' -eso sí, virtual: sólo existe en internet-, una oportunidad para reencarnarse uno mismo, reinventarse y recrear un mundo nuevo. La gran oportunidad. La Arcadia que glosaron los poetas románticos, la Utopía de Tomás Moro. Podría pensarse que el resultado de este juego sería un mundo feliz, porque sería la oportunidad de desterrar de nuestra vida todo aquellos que nos impide ser felices, quizá la única meta que merezca la pena. Nada de eso. En 'second life' hay dinero -luego hay clases y corrupción-, pederastia, pornografía infantil, blanqueo... Ayer tuvieron lugar en 'second life' los primeros actos de violencia callejera virtual: las 'sedes' del PSOE de Oviedo y del PP de Gijón fueron atacadas e 'incendiadas'. Seguro que el 'avatar' -así se llama a los personajes virtuales- de Gaspar Llamazares condena los hechos y se libra de ser virtualmente ilegalizado. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Incluso en una segunda vida. |
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