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La lógica de ETA en el proceso
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Endika Zapirain
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estamos en plena campaña electoral y hay una cuestión en la que coinciden todos los concurrentes, sean legales o ilegales -según la legislación española- que es el logro de la Paz como prioridad. Naturalmente, con innumerables matices. Unos se limitan a exigir el cese de la violencia de ETA para que haya libertad; otros van mucho más allá y tratan del Proceso de Paz y Normalización política. En medio de esta dinámica cabe destacar algunos aspectos, todos negativos: Los que pretenden deslindar, como contradictorio, lo cotidiano de la actividad de las instituciones municipales y territoriales de los objetivos nacionales del Pueblo Vasco-Euskal Herria (españolistas); los abertzales legales de un lado y los abertzales ilegalizados de otro, que se insultan y descalifican gratuitamente, sin fundamento en la mayoría de los casos, poniendo más dificultades y trabas para posibilitar y dinamizar el Proceso de Paz y Normalización.
Dejando a un lado, por el momento, esta dialéctica, conviene recordar algunos aspectos elementales.
No es posible alcanzar el cese de la violencia de ETA, descalificándola sistemáticamente y pretendiendo que la izquierda aber-tzale afecta a Batasuna, se desmarque, distancie y/o rechace la violencia de ETA. Esto no ha sido posible hasta ahora y no será en el futuro. Tampoco va a resultar posible la pretensión de superar esta parte de violencia con la ecuación: Paz por presos. Cuando oía, leía, esta expresión no me lo podía creer porque acababa con cualquier lógica de una organización que utiliza la violencia de respuesta como método de actuación. Tampoco con los impulsos naturales de los grupos humanos. Efectivamente, ¿cómo va a ser posible que una organización que lleva 48 años desde que inició sus actividades (1959) y 32 desde la muerte del principal dictador (1975) de repente se plantee abandonar la lucha armada, por un tratamiento adecuado de los presos? Este planteamiento no cuadra con la lógica de ETA ni con ninguna organización de características similares, es decir, que emplee la violencia de respuesta para alcanzar objetivos básicos.
De manera que persistir en la misma estrategia para lograr la superación de la violencia de ETA, es un grave error y una pérdida imperdonable de tiempo, ante una cuestión tan importante. Como ya he apuntado en otras ocasiones, es imprescindible una dosis suficiente de empatía para entender la lógica de ETA, si realmente se quiere superar esta fase del conflicto. La lógica de ETA no es, como se afirma con frecuencia, tutelar el proceso. Sintetizando, lo que reclama la organización, es muy claro y simple:
a) Respeto de los Derechos Humanos en todos los ámbitos.
b) Respeto de los valores democráticos en todos los ámbitos y con todas las consecuencias.
c) Como consecuencia de lo anterior, reconocimiento del derecho del Pueblo Vasco-Euskal Herria, a decidir su futuro. (No valen las leyes en vigor ante una decisión libre del Pueblo; de los ciudadanos y ciudadanas como limitación a este derecho).
Cuando se trata de derechos fundamentales/básicos, no se puede hablar ni de precio político ni de tutelajes. Éste es el caso de las torturas, de las cárceles infrahumanas, del derecho a participar libremente en las elecciones… y naturalmente del derecho de la ciudadanía a decidir libremente su futuro participando activamente en su desarrollo. Sobre estas cuestiones no hay nada que negociar. Los derechos básicos no se negocian y menos cuando dependen del Estado y, en este caso concreto, del gobierno español. Se cum-plen de forma estricta: La tortura se erradica ya, decididamente, poniendo los medios adecuados para hacerla efectiva. Las cárceles infrahumanas se corrigen o se cierran. Todas las leyes que están impregnadas de basura, por ejem. Ley de Partidos, se derogan. El derecho de Euskadi-Euskal Herria, de sus ciudadanos/as a decidir su futuro, se proclama solemnemente por el gobierno español.
Tomando estas medidas tan elementales para un demócrata y para un sistema democrático, no sería necesario hacer nada más para que ETA tomase la decisión de abandonar la lucha armada, porque ya no habría causa para continuarla según sus propios planteamientos. Entonces sí sería la cuestión de los presos, la que finalmente tendrían que tratar.
Es importante recordar que en el famoso acuerdo de Stormont/1998, un punto fundamental fue el reconocimiento del derecho de Autodeterminación de Irlanda del Norte para decidir si sigue vinculada al Reino Unido o se integra en la República de Irlanda. Esta cuestión sin duda fue crucial para avanzar en las conversaciones y, finalmente, el cese de actividad del IRA, en una situación mucho más compleja que la nuestra. Hágase aquí lo mismo e igual que allí en esta cuestión, y no habrá ningún problema para superar la violencia primero y desarrollar después entre todas las partes, la normalización política hacia una Nación libre y soberana. La incorporación de Nafarroa a la CAV está prevista incluso en la defectuosa Constitución española de 1978, la palabra la tienen los navarros y las navarras.
Los derechos básicos no se negocian, y menos cuando dependen del Estado, en este caso, del español
El reconocimiento del derecho a la autodeterminación de Irlanda fue crucial para avanzar |
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