sABIDO es que la Ría es, o era, la vía principal de esta Villa. Y que Bilbao debe cuanto ha llegado a ser al hecho de haber contado con una ría navegable. Pero hoy en día, y pese a los encomiables esfuerzos del Consorcio para devolverle su flora y su fauna, la Ría se nos muere, convertida en una especie de mausoleo, bien bonito si se quiere, pero frío y sin vida.
Se acabaron los tiempos en los que la Ría cumplía una función comercial y sus márgenes rebosaban de actividad, y nos hemos encontrado con un enorme espacio vacío, en el mismo centro de nuestra ciudad, al que no sabemos cómo dar una nueva utilidad náutica en beneficio de la comunidad.
Empeño que se ha visto gravemente dificultado por la escasa altura de las pasarelas y puentes levantados en los últimos años, y que, de todas formas, apenas si ha contado con tímidos intentos, como la propuesta que Luis Cardas presentó, en 1978, al Concurso de ideas para hacer populares las fiestas de Semana Grande planteando convertir a la Ría en su eje central. Una propuesta muy comentada en su día, pero que nunca pasó del papel, pese a haber obtenido los mismos votos que la presentada por el colectivo de Txomin Barullo, elegida a la postre como prototipo de nuestra ac-tual Aste Nagusia. Tampoco prosperaron las Subidas de Marijaia por la Ría que de 1990 a 1996 marcaron el inicio de las dichas fiestas de Aste Nagusia, en cuya extensa programación, con más de 300 actos, no hay más que dos, y algún año tres, actividades náuticas. Los paseos fluviales del Pil-Pil también han desaparecido. Y de la gabarra del Athletic para qué vamos a hablar.
Tan sólo la Regata Ingenieros-Deusto, que en 1981 puso en marcha la genial ocurrencia de Josemaria Gorostiaga, y con la que me honro en colaborar, parece haber encontrado su lugar, atrayendo cada año a un mayor número de espectadores, que en el ya popular Domingo de Ramos, domingo de remos se acercan a la Ría.
Muy poco para tanta Ría, y sin embargo, en estos días de promesas electorales y proyectos varios para mejorar la ciudad, nadie nos dice nada de ella.
"Se acabó el tiempo en que la Ría cumplía una función comercial"
"Estos días de promesas nadie nos habla de la Ría" |