E N la pared de la cocina de la casa de Julia Madrazo cuelga el cartel electoral en el que la candidata a la alcaldía de Bilbao por Ezker Batua-Aralar aparece sonriente con mirada serena. Sus tres hijos (Jon, Mikel y Xabier) miran el afiche a menudo en el transcurso de estos días, les hace gracia ver a su madre fijada en un papel grande e, inconscientemente, les instala en la vorágine de la campaña electoral. En la mesa, los tres infantes, bajo la mirada del padre, Jorge Torralba, estudian el cartel y extraen consejos para vendérselos a su progenitora. No caerán en saco roto.
Jorge Torralba sería un bilbaíno más que vive desde la barrera las elecciones municipales y forales del próximo día 27 si no fuera porque su mujer es candidata a la alcaldía de la villa. Por esta misma circunstancia, este técnico de empleo de Cáritas, de 45 años, vive las campañas electorales con una intensidad física y emocional mayor que la mayoría de los mortales. "Me gustaría que ya hubiera terminado la campaña, porque todo esto es muy intenso, no por mí, sino por Julia. Cada día que pasa hace mella, sobre todo en lo que respecta al sueño", dice Jorge. Ha llegado a la cita después de haber dejado a uno de sus hijos en el gimnasio y, tras haber hecho la compra, ha encontrado un hueco en su apretada agenda familiar y profesional para hablar sobre la vida en la trastienda electoral. La campaña rompe el ritmo habitual de la familia, sobre todo porque absorbe gran parte del tiempo de la candidata y deja a uno solo lo que el resto del año es una responsabilidad y un placer compartido. "Nos ha variado la última parte del día, porque ahora llega más tarde y en la cena se nota su ausencia porque ahora me quedo yo solo con los tres niños".
Aunque algo más agobiado, Jorge se las apaña solo para llevar el hogar y, en vez de arrugarse ante la sobrecarga de trabajo, subraya que quien verdaderamente acumula cansancio es Julia. Sin embargo, por lo que traslucen las palabras de Jorge, la presión y el cansancio no se traducen en mala leche, al menos en casa. En esto tiran del manual para intentar parcelar los espacios vitales: a un lado, la política, en otro, la familia. "De todas formas, la relación entre los candidatos a la alcaldía es, en general y con las lógicas diferencias, muy buena, y ello ayuda a que haya menos crispación y, por tanto, se pueda llevar bien la campaña. Y eso luego se nota", confiesa Jorge con una pícara sonrisa que denota alivio.
Anonimato
Conversaciones en la calle
Jorge y su familia viven desde hace tiempo en Rekalde, muy cerca del parque en el que han jugado y siguen haciéndolo los hijos de la pareja, ahora bajo la mirada de Julia fijada en un cartel electoral. No hace falta conocerles en profundidad para enseguida percatarse de su profunda raigambre en el barrio. Conocen a muchos de los vecinos del distrito y, al mismo tiempo, son conocidos por ellos, y no sólo por la actividad pública de Julia. La vida de barrio, incluso en una metrópoli, tiene estas cosas. Así pues, no es de extrañar que la gente les pare para preguntar sobre diferentes temas municipales. Y en campaña electoral las consultas aumentan algo más, aunque, como reconoce Jorge, menos de lo que esperaba. "La gente no se acerca tanto como pensaba y cuando lo hace siempre es de una manera muy respetuosa, a veces incluso sólo para saludar", señala.
Jorge es un hombre templado y receptivo, así que no es extraño que lleve tan bien que les paren en la calle durante su tiempo libre. De todas formas reconoce que sí se pierde algo de anonimato, a pesar de que anécdota curiosa que le ha ocurrido no hace mucho pudiera indicar lo contrario. "Una compañera de trabajo le preguntó a otra quién le podía asesorar sobre una cuestión de urbanismo, y le habló de mí, o más exactamente de mi mujer. Entonces ella preguntó por qué mi mujer. Pese a llevar trabajando un año y medio en el mismo centro, no sabía que mi mujer es Julia. Crees que la gente conoce a todo el mundo, pero no es así", apostilla sonriente.
Como reconoce Jorge, son bastantes las interrupciones que tienen que hacer para atender a la gente mientras van por la calle. "Preguntan de todo, pero sobre todo más sobre temas relativos a la vivienda, probablemente porque le mezclan con su hermano Javier (viceconsejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno vasco), que sobre cuestiones que atañen a su competencia municipal, aunque también hay muchas de éstas", añade sonriente. A pesar de que ya son varias las legislaturas y las campañas electorales que Julia lleva a sus espaldas, a Jorge todavía le resulta llamativo que no le paren para hacer de recadista. "A mí nadie me pregunta nada, me preguntan por ella, eso sí, pero no para decirme si ha hecho esto o lo otro o si puede hacer tal o cual cosa. Es algo que me llama la atención y que dice mucho de la gente".
Los hijos
Asesores de lujo
Ni que decir tiene que los tres hijos y Jorge son los mayores fans de la candidata Julia Madrazo. Nada de idolatrías ñoñas ni de freudianos complejos de Edipo. El cartel en la cocina viene a suplir el vacío de una madre casi ausente durante la campaña electoral, al igual que un vídeo que repasan en caso de mono de madre. "Les gusta verle en la televisión, a uno de ellos incluso le gusta comentar si va bien o mal vestida, si lleva el pelo no sé cómo", comenta orgulloso el padre. De tanto agudizar el sentido de la imagen, Jorge y sobre todo los tres jovenzuelos se están convirtiendo en unos ayudantes de lujo, son los asesores particulares de la candidata Julia. "Aunque ella tiene su propio criterio, le gusta contrastar la opinión y casi siempre nos la pide", explica.
Los peques quedan eximidos de la asesoría de los mensajes políticos, de esa parte se ocupa más Jorge: "En eso,yo no soy nada pelota, tampoco con ella, y le digo que en tal o cual acto o mitin el tono empleado podía haber sido más pausado o más contundente, si los mensajes han sido interesantes o algo difusos…". Los consejos están ahí, servidos en la mesa, otra cosa es qué pasa con ellos. "Bueno… -se lo piensa un rato para no provocar un incendio con su mujer y con el jefe de prensa de su partido-, en general tenemos criterios bastante parecidos sobre estas cosas, nuestras diferencias suelen ser de matiz", aclara.
Pero una cosa es el amor por la madre y otra es condenar a su familia a acudir a mítines y demás actos electorales. Ahí es donde objetan de su condición de asesores. "Los fines de semana sí solemos acercarnos a algún mitin o acto, pero siempre llegamos hacia el final del mismo… más que nada por estar cerca de ella y aprovechar la salida para ir a comer juntos, dar un paseo o cualquier otro plan que se tercie", confiesa diplomáticamente Jorge, quien entre dientes deja caer una opinión que suena a toda una declaración de conciencia: "Yo no soy de ese pelo", en referencia a los mítines.
Queda claro que Jorge no es un hombre de mítines, no es de ese pelo, pero también que, pese a ello, es el mejor asesor de la candidata… Entre otras cosas, y sobre todo, porque se ha rodeado de un buen equipo que trabaja a diario en la cocina, que, como ha quedado demostrado, es donde mejor se elabora el arte de la política.
"No soy nada pelota con ella, le digo si me ha gustado el tono o si el mensaje me ha parecido interesante"
"¿Mítines? Yo no soy de ese 'pelo'. Solemos llegar al final de los actos electorales" |