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Micro On
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Los carroñeros
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Xabier Lapitz
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puede que Víctor Bravo, senador del PNV hasta hace diez días, haya dicho una verdad entre las mentiras. Llamó "carroñeros" a los periodistas que esperaban a las puertas del Juzgado de Irun, del que su hermano salió en dirección a la prisión de Martutene. Está en lo cierto, lo suyo desprende tal olor a podrido que conviene airearlo y para eso está la prensa. La carroña llama a los carroñeros. Su actuación estelar en Irun ha sido cutre ética y estéticamente. Clamó contra el "enorme daño a gente honesta" que está ocasionando la publicación de las noticias relativas a ese supuesto robo de dinero de las arcas forales. Uno se pregunta qué significa la palabra "honesto" para quien hace una semana nos contaba su absoluta desvinculación, exceptuando los obvios lazos familiares, con su hermano. Mentía, claro. Supongo que no quería perderse el chapuzón en la piscina senatorial y la posibilidad de bañarse que le brindaba el cargo. Convendría aquí recordar que le van a investigar su patrimonio porque la Fiscalía le acusa a su socio-hermano de llevarse a su bolsillo el dinero de gente honesta, esta sí, que paga sus impuestos. Lo mejor que podemos decir de momento de Víctor Bravo es que no se enteró de lo que pasaba en su negociado mientras dirigía la Hacienda de Gipuzkoa y tenía colocado ¡oh, casualidad! a su hermano como delfín. Tiempo habrá de saber si es sólo un incompetente trepador o lo puede empeorar. Y de la ética a la estética. A quién se le ocurre escoger para taparse de los carroñeros una caja de cartón de la marca lucky boss. Un jefe afortunado, vaya, vaya... qué interesante. Y de qué es esa marca tan curiosa... De papel multiuso. Ya. Aquí es cuando me entra la risa de hiena. Pero nuestro Cachuli local se enfada y suelta la mano izquierda contra un fotógrafo. La derecha la necesita para cambiar las marchas de su Porsche último modelo y salir corriendo. Además de carroñero, ya ven, soy envidioso. |
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