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Aizpea Goeneaga, Jox Berasategi, Olatz Beobide y Patxi Ruiz. O. M. |
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El callejón de las botxerías
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Protestantes civilizados
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El documental rodado por Ramón Barea bajo el título 'Nos sentamos a hablar' dio voz a la gente del teatro y de la danza para expresar sus doloridos sentimientos.
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Jon Mujika
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ELLOS son gente civilizada que rehuye la gresca y los malos modos aunque militen, en su inmensa mayoría, en la basta grey del desencanto. La gente del teatro y de la danza hablan de catástrofe, del derrumbe de unas artes que apenas sobreviven en Euskal Herria merced al soplo voluntarioso de quienes adoran la escena. Ramón Barea, uno de los más insignes cascarrabias de esta tierra, les ha dado voz a muchos de ellos en el documental Nos sentamos a hablar, un título más sereno que las voces que se escuchan en su interior. En él se encadenan las palabras de protesta (Alex Angulo, Loli Astoreka, Mariví Bilbao Goyoaga, Asier Etxeandia. Patxo Telleria, Helena Pimenta, Igor Yebra, Ignacio Amestoy y así eslabón tras eslabón...) como en otros ámbitos se encadenan los manifestantes a la carretera, a un árbol, a la casa que le quieren derribar o a la mesa del puesto de trabajo.
Para dar luz y taquígrafos a esta serie de protestantes civilizados, el Teatro Ayala abrió sus puertas ayer, en un pase gratuito del documental. El reclamo fue tremendo. A la cita acudieron Esther Velasco, Paco Hernando, Patxi Pérez, el dramaturgo David Barbero, José Ibarrola, Santiago Burrutxaga, Gorka Fiero y la gente de Hortz Muga, Luke Tagua y Lucía Etxebarria, en nombre de La Fundición, Matxalen Bilbao, la bailarina Begoña Crego, Loli Astoreka, Maite Negro, Ramón Ibarra, la joven actriz Irene Bao, César Arroyo en nombre de Deabru Beltza Eguzki Zuria, Itziar Goenaga y un buen puñado de gente que se mueve por el alambre de la escena, un lugar frágil y maravilloso que al parecer ha caído en el saco de los olvidos por parte de la Administración.
El hombre valiente del Teatro Ayala, Javier Ugalde, ejerció de anfitrión en una proyección reivindicativa que también visionaron Pedro Barea, el director de cine Ernesto del Río, Luis Egiraun, Antonio Basagoti, quien llego acompañado por Cristina Ruiz, Txema Oleaga, Julia Madrazo, Aixpea Goenaga, el actor irundarra, Patxi RuizJox Bersategi, Olatz Beobide, Javier Bengoetxea, Jon Ander Iglesias, Matxalen Ríos, José María Orbegozo, quien acudió acompañado por Esther Olabarria, atraídos por el eco de la voz de trueno de las gentes de la escena, María Jesús Olabarria, Begoña Muguruza, Xabier Aldekoa, Ignacio Bilbao, María Teresa Aranguren, Begotxu Uriarte, Mikel San Cristóbal, Ander Idigoras y un amplio despliegue de voces discordantes o solidarias, según terciase la ocasión y el oficio de los presentes.
El diagnóstico de quienes viven de sus latidos es preocupante: el corazón del teatro vasco se debilita y no encuentra by pass que le alivie el estrangulamiento de las venas. Hubo un tiempo (parece el comienzo de una fábula pero les juro que es real...) que el número de compañías vascas era extraordinario y fecundo. Hoy los gatos del callejón llamado teatro merodean en busca del teatro infantil, la cabalgata de Reyes o el entierro de la Sardina como si fuesen las raspas de la misma. No gusta ver languidecer a un oficio que cuenta con tantas vocaciones inquebrantables como desamparos. Tantas veces se ha certificado su defunción que no parece ahora más herido de muerte que antaño. Hay que luchar, no obstante, para que siga alzándose el telón. |
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