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El italiano Leonardo Piepoli (Saunier Duval) lanza el ataque definitivo al grupo de los Di Luca, Cunego, Simoni y Noé. Foto: efe |
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El arca de Noé
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Iban Mayo estuvo con los mejores en Nostra Signora della Guardia, donde ganó Piepoli; Patxi Vila es 4º en la general.
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Alain Laiseka
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Bilbao. Una vida pegada a una carrera. El Giro sólo quiere devotos. "Hay que amarlo como el primer y único objetivo". Simoni, cuarto ayer en Nostra Signora della Guardia, dibuja así, con dos pinceladas, un sentimiento nacional. Su carrera refrenda su credo: dos Giros, otros cinco podios y siete etapas. Fuera de Italia sus números se encogen: dos etapas en la Vuelta y una en el Tour. Como Gibo, muchos: Savoldelli, Gotti, Chioccioli, Garzelli, Cunego, Zaina, Saronni, Giuponni... La décima etapa del Giro, la que acabó ayer a las puertas del Santuario de Nostra Signora della Guardia, un balcón sobre la ciudad de Génova, abrió un arca, el de Noé, Andrea, una reliquia esculpida en las carreteras italianas. En todas. O casi. El italiano corre con éste su 14º Giro de Italia. Es, a sus 38 años, el decano de la carrera. Il anziano voló ayer, desde los 805 metros del Monte Figogna donde se levanta el Santuario hasta su juventud. Viaje en el tiempo, nueve años atrás, a 1998. A la 13ª etapa de aquella edición del Giro que ganó Marco Pantani, el añorado. Dos días después de estrenar su palmarés en San Marino (final de la 11ª etapa de aquel Giro) Noé se calaba, tras una lluviosa jornada en la que se impuso Bartoli con la ayuda de Bettini (qué tiempos), la maglia rosa. Sólo le duró un día. Suficiente ración de gloria, pensaría entonces el de Magenta. Se conformó con eso y dos cuartos puestos en la general (2000 y 2003) y un sexto (2001).
Hasta ayer. "En la reunión de la mañana se habló de la posibilidad de coger el liderato". Como un juvenil festejaba el italiano, a las puertas del santuario, su reencuentro con el ayer tras una etapa preciosa en la que se impuso otro joven, Leonardo Piepoli (35 años). La vieja guardia, en forma.
El italiano del Saunier Duval rompió el cerrojazo del Liquigas a 4,5 kilómetros de meta. "No he hablado con Simoni, pero sabía que era el momento". Se lo dijo la experiencia. Fuerza muda. La misma voz no escuchó Di Luca. El del Liquigas buscó, nervioso, adelantar el final de la etapa cuando el grupo que comandaba su equipo engullía uno a uno a los integrantes de la fuga de la jornada en las primera rampas del último puerto: Losada, Parra, Hincapie, Dupont, Valiani y Ardila. En su primera sacudida, se metió una decena de segundos en el bolsillo. Pedaleo ágil, temible, molinillo acelerado, pero estéril. La vocecilla, todavía débil en su mente, le habló: para. Escuchó y se perdió en el grupo del que tiraba el Lampre pensando en la victoria de etapa de Cunego y en la maglia del beratarra Patxi Vila. El rosa de Pinotti empezaba a desteñir.
Mayo con los mejores A tres de meta el grupo era una orquesta de jadeos; apenas 20 instrumentos de aire. Entre ellos dos con label, el navarro del Lampre, que empezaba a desafinar, e Iban Mayo. El de Igorre (ojo con él en la última semana) siguió al compás que marcaba el Liquigas hasta la salida de tono de Di Luca. El italiano encendió de nuevo el molinillo a tres de meta. Otro escarnio, aunque poco efectivo: 14'' sobre Simoni y una veintena ante Riccò, Cunego y Savoldelli. El verdadero Giro empieza mañana con la llegada a Briançon. |
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