Supongo que no habrá que repetir la boutade unamuniana, ya saben, Bilbao, el mapamundi, en fin, esa frase comodín que no falta en ningún reportaje turístico de la Villa. Lo que por fin falta en la campaña es la reivindicación de la capitalidad junto al Nervión: recolocado el perro, se acabó la rabia. Ya no abundan aquellos corazones rojos en los que se leía Bilbao, capital de Euskadi, lo cual más que una exigencia es para muchos una constatación, una proclama de perogrullo, algo tan innecesario como gritar que la Igartiburu es guapa y el kalimotxo de sobre, veneno. Ya puestos, lo suyo sería pedir la capitalidad del universo, aunque ese título quizá ya esté en nuestras vitrinas y el problema sea de la ONU, que no se entera.
La prueba evidente de que la capital real no parece la oficial es que el candidato socialista, Patxi Lazcoz, está pegando carteles para que Vitoria-Gasteiz sea más capital. Pretende que su rango no se quede en algo formal y se convierta en una marca que le aporte identidad. Se agradece que no adobe su legítimo deseo con el escupitajo hacia occidente, otro detalle xenófobo que por fortuna también falta estos días: el líder de UA se volvió a Galicia, aquí nos quedamos con el agua y en la Kutxi le pegan desde entonces al champán. La política es tan cruel y amnésica que uno cita a Mosquera y el pueblo se acuerda de Raquel, aquella peluquera jamonoide que se lio con Pedro Carrasco. Yo les juro que, primero, Raquel es un apelativo hebreo que significa "cordero" -¡corderaaa!- y, segundo, que junto a su difunto marido fue nombrada Cofrade de Honor del Hongo y de la Seta en Elorriaga, al norte de Navarra. Las hay que nacen con muy mala estrella. ¿Y tú qué eres, tía? Yo, Cofrade de Honor de la Seta. Pues menudo linaje. Y los hongos, ni mentarlos.
El domingo pasado Vitoria-Gasteiz cumplió veintisiete años de capitalidad -zorionak- y mal anda de orgullo si todavía debe recordarnos lo que de hecho ya es. Ningún hombre organiza una campaña para explicar que además de tripa tiene picha, y si lo hace es porque no se la ve y sospecha que el prójimo tampoco. El tamaño, querido Patxi, no importa, ni en la cama ni en el mapa. Por cierto, que siempre he creído que esa sentencia de color científico la propagó un varón. Y en cuanto a capitalidades, prefiero que le den la chapa al vecino a que me den a mí. Vamos, que ese asunto me la trae floja o, en lengua de tertuliano, hablar de eso no toca. Y para guasa y de postre, me gusta más la propuesta del PSOE de Marbella: designarla ciudad de la filantropía. Ole, ole y ole. |