MADRID. La consulta del doctor Juanjo Oliva abre estas semanas en Cuatro. Alejado de la belleza oficial de las modelos y de la gente de alto nivel que elige sus diseños para ir de tiros largos a una inauguración muy chic, el modisto abre la puerta a las mujeres de la calle que reniegan de su imagen y que ven la moda como algo “para otras”. Las acoge, les da cariño, les escucha y les asesora en asuntos de estética. Y, de paso, aprovecha para promocionar la moda, un sector olvidado por la sociedad (“En España no se viste bien”, dice) y relegado en los medios, según él, a los programas del corazón. Su día a día transcurre con modelos y clientas de alto poder adquisitivo. ¿Es muy diferente el trato con la gente de la calle que tiene en ‘Desnudas’?
La gente de la calle viene al programa como si fuera a un médico. Saben que algo no funciona bien en su imagen y se ponen en tus manos. Son conscientes de que, a lo mejor, hay algo del proceso de cambio que no les gusta, aunque confían en que el resultado sea bueno. Desde mi perspectiva, su problema no es tan grave, perome tengo que poner en su lugar y comprenderles. Trato de ser lo más suave posible. Con las modelos y las clientas es diferente. Las modelos son contratadas y les pagas para que hagan lo que tienen que hacer. La relación es, en la mayoría de los casos, profesional. Y las clientas siempre tienen razón. Saben lo que quieren y te eligen. Mi misión es facilitarles todo. Bueno, al final el objetivo es un poco el mismo: hacer bien mi trabajo y que todas queden contentas.
¿Son más inseguras las modelos o la gente de la calle?
Todas tienen sus días y su estado de ánimo. A las modelos también les salen granos y les dejan los novios, sin embargo, su cuerpo es su herramienta de trabajo y siempre tienen que estar estupendas. Les pase lo que les pase. Su trabajo es muy duro.
Ellas, que representan un canon de belleza que genera inseguridades e insatisfacciones en muchas chicas de la calle, también son, en ocasiones, muy inseguras. Una paradoja.
Claro, tal vez son más inseguras. Por dos razones. Ganan mucho dinero, pero tienen una gran responsabilidad, son imágenes de marca. Y luego, porque son muy jóvenes y tanta responsabilidad a esas edades no siempre es bueno.
¿Le agota tanta belleza oficial de pasarela?
Bueno, mis dos desfiles de temporada no me suponen más de cuatro o cinco días de trabajo con modelos en todo el año, así que no me agota.
Un tema recurrente con los diseñadores es el debate de las tallas. ¿Cómo lo vive?
Lo vivo desde mi realidad. La verdad es que me toca un poco de lado. Mi negocio es pequeño y las únicas tallas que me interesan son las de la gente que viene a mí. En cualquier caso, éste es un problema de cifras, ya que cada firma talla como quiere. Se ha creado una confusión que es un poco tonta.
En ese debate de tallas y figuras, ¿con quién se queda: Kate Moss o Claudia Schiffer?
A mí me gustan las chicas tipo James Bond. Me hubiera encantado vestirlas. De Kate Moss me quedo con su imagen y su actitud más que con su físico. Y de Claudia Schiffer sí que me interesa más su cuerpo.
Cuerpo de Schiffer y actitud de Kate Moss. ¿Existe esa mujer?
Algún día la encontraré. La Bundchen (la modelo brasileña Gisele Bundchen) no está mal.
‘Desnudas’ es un programa que asesora a mujeres. ¿También se podría hacer con hombres?
Por supuesto.
¿La preocupación por la imagen es la misma?
Claro. Lo que ocurre es que no hay tanta exigencia, los hombres nos comparamos menos entre nosotros.
¿Eso es bueno?
Bueno, pero luego nos comparamos por los coches, los trabajos…
¿Se viste bien en España? No.
Qué rotundo.
A mi juicio, falta interés. Importan más otras cosas, se han relajado las costumbres. Es cierto que vestimos mejor, pero no hay más interés por la moda. La moda es la búsqueda de la diferenciación y aquí, sin embargo, vamos todos a una, todos igual.
¿Qué es lo que más le chirría?
Que una persona no se dé cuenta de que va mal. Algo puede ser bonito o estar de moda, pero no tiene por qué sentar bien a todos. Si no te sientan bien los pantalones pitillo, no te los pongas.
Algún consejo para ir bien esta primavera.
No comprarse nada tipo gabardina o chaqueta, porque pasamos del frío al calor de un día para otro. No hay posibilidad de ponérsela. Y tirar del color, ser divertidos.
Asegura que en España no se viste bien. ¿Busca también con este programa promocionar la moda?
Me atrajo que, por fin, encontré un formato que acerca la moda a la gente que no la suele utilizar a menudo por apatía o falta de interés. Pienso que este programa puede solucionar algo. Creo que hay que educar un poco, tirar el anzuelo. Es una forma de promocionar la moda, que es algo a lo que sólo tenemos acceso a través de los programas del corazón. Ojalá que las buenas audiencias que estamos teniendo consigan acercarla a la calle, más allá de estos espacios rosas.
La comparación ha sido inevitable con el programa ‘Cambio radical’, aunque hay grandes diferencias. Mismo fin (sentirse mejor con el físico), pero distintos métodos.
El mío es más evolutivo. Es decir, si no te gusta la faja que te ponemos, te las quitas. Cambio radical es eso, más radical. Me impone más respeto. Ojo, yo estoy a favor de la cirugía estética, no se crea. Pero es algo que no me interesa para la televisión. No me gusta ver cómo operan a la gente. Si no me gusta ni CSI, pues esto…
¿En qué casos vería bien la cirugía?
La entiendo, por ejemplo, cuando alguien trabaja mucho y no tiene tiempo para ir al gimnasio. Es una opción, pero creo que hay que currárselo un poquito. Yo he visto bajar varias tallas gracias al gimnasio. Popularizar la cirugía como algo fácil no es lo mejor.
La imagen, de todas formas, no sólo depende de la cirugía o de estilistas. Lo que pasa por la cabeza de una persona también cuenta. Usted en el programa desempeña, de alguna manera, la labor de psicólogo.
Bueno, tal vez no sea para tanto. Lo que hago es escuchar. Cuando pasé una mala racha, me di cuenta de que necesitaba que me escucharan y que no me juzgaran de antemano. Y eso es lo que trato de hacer.