roma. La acumulación de toneladas de basuras en la provincia y la ciudad de Nápoles ha desatado una alarma no sólo sanitaria sino también política, con un llamamiento del jefe del Estado y la propuesta hasta de una intervención del Ejército.
Quince mil toneladas de desechos de todo tipo asfixian la región sureña de Campania, cuya capital, Nápoles, parece un vertedero y vive bajo el temor de epidemias como el cólera.
Ese miedo de la población ha quedado patente en los pasquines anónimos aparecidos en las paredes de algunos pueblos: "¡Cólera! ¡Cólera! Moriremos todos".
La angustia no es tan lejana si se tiene en cuenta que Nápoles fue la última ciudad europea que padeció una epidemia de cólera en 1873.
La situación es tan grave que está declarada como de "emergencia" por autoridades italianas, pero se trata de una emergencia crónica, pues dura desde hace trece años.
De hecho, hay nombrado desde entonces un comisario extraordinario para la "emergencia basura"; pero el calor de los últimos días y una acumulación mayor de la habitual ha hecho la situación insostenible.
En Nápoles, según el diario Corriere della Sera, se calcula que hay en estos momentos unas 2.600 toneladas de basura amontonadas en vertederos y cúmulos por los que se señorean las ratas.
El alcalde de Frattamaggiore, Francesco Russo, decretó ayer el cierre de los mercados a cielo abierto y de las escuelas, lo que ha dejado en casa a diez mil estudiantes.
grave riesgo Un análisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado por el diario Il Sole 24 Ore, señala que en 196 municipios de la región la salud está en grave riesgo y en ocho de ellos la tasa de mortalidad es mayor que en el resto del país debido a la contaminación de las aguas.
Los ciudadanos, desesperados por el hedor, prenden fuego a las montañas de desechos, pero ello origina a su vez otro problema sanitario por la emisión de dioxinas y otras sustancias cancerígenas. Pese a estar prohibido, en lo que va de semana se ha prendido fuego a 260 cúmulos de basura en la ciudad de Nápoles, la mitad de los cuales tuvieron que ser sofocados por los bomberos.
La práctica no es nueva como señala el mismo estudio de la OMS, que indica que la tasa de malformaciones congénitas en los ocho municipios es un 80% mayor que en el resto del país tanto por la contaminación de las aguas como por la inhalación de las toxinas procedentes de las combustiones de los plásticos. |